Modas parisinas
Para no perder la voz de Alfredo Lamont, continuamos presentando entregas de su columna Chisme con soda.
PARÍS, Francia- Sentir general del presidente: “vivimos en la ciudad más bella del mundo. Para los turistas debe ser un privilegio conocerla y llevarse la imagen, copiarla, en sus ciudades de origen. Los mejores vinos, la mejor cocina, las mejores modas, la mejor arquitectura, el más impresionante pasado se encuentra aquí”.
Hay que vigilar estrechamente a los meseros. Presentan la cuenta con propina incluida. Luego solicitan la propina. A la salida exclaman: “Perdone, monsieur, pero se nos había olvidado incluir el impuesto”.
Pese a la liberación de las nuevas modas masculinas, ninguno de los grandes restaurantes de París permiten la entrada a hombres sin saco y corbata.
Imprescindible: un gran bolillo abierto, embarrado bien de mantequilla, relleno de jamón, acompañado por un par de vasos de tinto de la casa y, de postre, fresas con crema. Todo esto en la selección estramuros del renovado Café de la Paxis, el más parisiense de todos los cafés, pensando en anteriores acompañantes.
“Para el otoño, los vestidos vienen en todas tonalidades existentes de azul”.
Un diario anuncia que las muchachas francesas contemporáneas son las más altas y pesadas de la historia.
Desde el restaurante de los altos de las Galerías La Fayette vemos cómo alcanzan, hacia los Campos Elíseos, a unos estudiantes. Delgado, embigotado teniente de la policía, de guantes blancos, levanta una mano. Todos se detienen. Con un dedo señala: “Por aquí no; sigan, pero por allá”. Todos los obedecen.
Un nativo nos incluye: “Cuando un flic tiene necesidad de golpear con su macana a un estudiante, tiene órdenes de pegarle en las partes carnosas, jamás en la cabeza, para no causar daños serios”.
El dobladillo de las capas de los policías cubre trocitos de plomo para que el viento no las levante.
“Misa de Notre Dame: congregación salpicada de dieciochoañeras vestidas casi todas con los muy de moda, trajes de mecánico, pero multicolores. Cirio en el altarcito de la Virgen de Guadalupe”.
Breve descanso entre palomas y ancianos sobre las bancas del parquecito que separa al Sena de la gran catedral imposible dejar de pensar en el jorobado al ver los grifos.
Un apartamento-estudio amueblado, vista al Sena innegables lujos: 14,500 pesos mexicanos.
Los más de los turistas – según un hotelero – son alemanes occidentales: les siguen los de otras partes de Europa y finalmente los americanos.
Los altos precios impuestos por el gobierno a los boletos de cines que exhiben películas pornográficas les han reducido el número de clientes.
En el itinerario: por tren, a Fontainebleau; Chartres, Chantilly y el Valle de la Loire.
Saludos: Brigitte Morissette.
