Sin maquillaje / arlamont@msn.com.mx / 23 de noviembre de 2025
BUENOS MODALES ¿Debo llevar algo si me invitan a cenar y me dicen que “no traigas nada”? R. Sí, pero con sutileza. Cuando alguien dice “no traigas nada”, lo que realmente está haciendo es liberarte de la obligación formal. Sin embargo, un gesto pequeño ...
BUENOS MODALES
¿Debo llevar algo si me invitan a cenar y me dicen que “no traigas nada”?
R. Sí, pero con sutileza. Cuando alguien dice “no traigas nada”, lo que realmente está haciendo es liberarte de la obligación formal. Sin embargo, un gesto pequeño —una flor, una botella modesta, una tarjeta escrita a mano— honra la hospitalidad sin contradecirla. La clave está en la intención: no es el objeto, sino el agradecimiento que representa.
En México, el acto de llevar algo no es sólo cortesía: es una forma de decir “valoro tu esfuerzo”. Incluso si el anfitrión insiste en que no hace falta, un detalle discreto puede suavizar el encuentro, abrir conversación, y mostrar que no das por sentado el espacio que te ofrecen.
Si no sabes qué llevar, piensa en algo que no interrumpa la dinámica: una vela aromática, un pan dulce o incluso una historia que contar. La etiqueta no es rigidez; es poesía social.
DILEMA EMOCIONAL
Mi hermana y yo estamos distanciadas. No hubo pelea, sólo silencio. ¿Debo escribirle?
R. Sí. El silencio prolongado entre seres queridos es como una herida que no sangra, pero tampoco sana. No necesitas una gran carta ni una explicación perfecta. Basta un “pensé en ti hoy” o “me gustaría saber cómo estás”. No escribas para resolverlo todo; escribe para abrir la puerta. A veces, el primer paso no cura, pero sí permite que el otro se acerque.
Las relaciones familiares tienen ritmos propios. A veces, el silencio nace del cansancio, del orgullo o simplemente de la vida que se interpone. Pero si hay afecto, siempre hay posibilidad. No esperes el momento ideal; créalo. Un mensaje breve, sin reproches, puede ser el puente que ambos necesitan. Y si la respuesta tarda, no lo tomes como rechazo.
El amor familiar es resistente, pero necesita mantenimiento. Escribirle no es rendirse: es recordar que el vínculo existe, aunque esté dormido; con excepciones.
¿DE DIOS?
¿Cómo sé si una señal es “divina” o sólo una coincidencia?
R: Las señales no se anuncian con trompetas. Lo divino suele manifestarse en lo cotidiano, pero lo que las convierte en “señales” es tu disposición a recibirlas. Si algo te mueve, te calma o te empuja a actuar con amor o claridad, ya cumplió su propósito. No te obsesiones con la fuente; enfócate en el fruto. La espiritualidad no exige certeza, sino apertura.
En tiempos de ruido y velocidad, la intuición es un lenguaje olvidado. Una canción que aparece justo cuando la necesitas, una llamada inesperada, un sueño que te deja inquieto… ¿son casualidades? Tal vez. Pero si te invitan a reflexionar, a cambiar de rumbo o a perdonar, entonces ya son sagradas. Lo espiritual no siempre es sobrenatural. A veces, es simplemente lo natural visto con ojos nuevos. La señal no está en el cielo; está en tu respuesta.
