Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 8 diciembre 2025
LA SALUD Señor La Mont, ¿qué significa realmente estar sano? R. Con gusto le comparto esta amplía respuesta que estar sano no es sólo tener buenos análisis clínicos. Es vivir con equilibrio, con energía, con paz. La salud verdadera incluye el cuerpo, sí, pero ...
LA SALUD
Señor La Mont, ¿qué significa realmente estar sano?
R. Con gusto le comparto esta amplía respuesta que estar sano no es sólo tener buenos análisis clínicos. Es vivir con equilibrio, con energía, con paz. La salud verdadera incluye el cuerpo, sí, pero también la mente, las emociones y las relaciones. Puedes tener presión arterial perfecta y aún sentirte vacío. Puedes correr maratones y no saber cómo pedir ayuda. La salud no se mide solo en cifras: se siente en el alma.
En México, muchas veces confundimos salud con aguantar. “Estoy bien porque no me quejo”, decimos. Pero estar sano también implica saber cuándo parar, cuándo llorar, cuándo pedir compañía. Es dormir bien, comer con gusto, moverse con alegría, y tener a quién llamar cuando el mundo se pone gris. La salud no es perfección: es presencia.
A ESTAS ALTURAS
¿Por qué nos sigue conmoviendo la música de José José?
R: A los que tuvimos la suerte de verlo en vivo nos conmueve porque su voz no sólo cantaba: confesaba. José José no fue sólo un intérprete; fue un espejo emocional. En sus canciones, el mexicano encontró permiso para sentir, para sufrir, para amar sin medida. El triste, Gavilán o paloma, Lo pasado, pasado… no son sólo éxitos: son capítulos de nuestra historia sentimental.
Y aunque los tiempos cambian, la emoción no. Hoy, en medio de algoritmos y ritmos digitales, su música sigue tocando fibras que no caducan. Nos recuerda que el dolor puede ser bello, que el amor puede ser trágico, y que la vulnerabilidad no es debilidad. José José no era perfecto, pero era profundamente humano. Y eso, en cualquier época, es salud emocional.
QUE HACÍAN
¿Qué hacían los caballeros medievales cuando no estaban en guerra? ¡No me diga que sólo andaban tras las damiselas!
R. Bueno, sí, sí andaban tras las damiselas, pero también hacían mucho más de lo que imaginamos. Cuando no estaban en batalla, los caballeros medievales administraban sus tierras, entrenaban en combate, participaban en torneos, y cumplían deberes sociales y religiosos. Ser caballero no era sólo portar espada: era sostener un código de honor, proteger a los débiles, y servir a su señor feudal medieval.
También se dedicaban a la diplomacia local, a resolver disputas, y a supervisar cosechas o tributos. Algunos se convertían en mecenas de arte o literatura, y otros se retiraban a la vida monástica. La vida del caballero era exigente, pero no siempre violenta. En tiempos de paz, su papel era el de guardián, juez y modelo de conducta. La armadura descansaba, pero el deber no.
LA SEMPITERNA
¿Cómo se cultiva la resiliencia sin volverse insensible?
R. La resiliencia, como muchos aprendimos, se trata con conciencia, no con coraza. La resiliencia no es endurecerse, sino aprender a doblarse sin romperse. En México, solemos admirar al que “aguanta todo”, pero eso puede llevar al aislamiento emocional. La verdadera fortaleza está en reconocer el dolor, procesarlo, y seguir adelante sin perder la ternura.
Cultivar resiliencia implica tener redes de apoyo, espacios de expresión, y momentos de descanso. No es negar la tristeza, sino saber que no define tu historia. Ser resiliente no es ser invulnerable: es saber que puedes caer y volver a levantarte, con dignidad y con ayuda. Y eso, más que cualquier logro, es salud profunda.
