Sin maquillaje / arlamont@msn.com / 8 de noviembre de 2025
EL PODER ¿Por qué el poder nunca se jubila? R. Porque el poder no se retira: se disfraza. Cambia de oficina, de discurso, de plataforma. El político “retirado” se convierte en asesor, el empresario en filántropo, el dictador en estatua. El poder no envejece: ...
EL PODER
¿Por qué el poder nunca se jubila?
R. Porque el poder no se retira: se disfraza. Cambia de oficina, de discurso, de plataforma. El político “retirado” se convierte en asesor, el empresario en filántropo, el dictador en estatua.
El poder no envejece: muta.
Nos gusta pensar que el poder tiene fecha de caducidad, pero en realidad tiene memoria larga y tentáculos flexibles. Se infiltra en fundaciones, algoritmos, consejos editoriales. Y cuando parece dormido, está diseñando su próxima reaparición.
La ironía es que el poder más eficaz no grita: susurra. No impone: seduce. No manda: convence. Y cuando creemos que lo hemos domesticado, ya nos ha domesticado a nosotros.
Incluso en democracia, el poder se recicla. Cambia de siglas, de logo, de narrativa. Pero sigue operando con la misma lógica: controlar el tiempo, el lenguaje, el deseo.
El poder no se jubila porque no sabe vivir sin espejo. Necesita audiencia, necesita eco. Y nosotros, por costumbre o por miedo, seguimos aplaudiendo su retorno.
LA LENGUA Y LA VERDAD
¿El lenguaje todavía sirve para decir la verdad?
R. Sí, pero cada vez cuesta más. El lenguaje se ha vuelto campo de batalla: entre eufemismos, slogans y discursos prefabricados, decir la verdad es casi un acto subversivo.
Hoy, “reingeniería” significa despido, “colaboración público-privada” significa privatización, y “narrativa alternativa” significa mentira bien vestida. El lenguaje ya no describe: disfraza.
Pero también puede resistir. Un verso incómodo, una consigna clara, una columna sin maquillaje. Porque cuando el lenguaje se atreve a incomodar, vuelve a ser herramienta, no ornamento.
El problema no es que el lenguaje mienta, sino que lo aceptemos sin cuestionar. Que repitamos sin pensar. Que confundamos claridad con corrección política.
El lenguaje sirve para decir la verdad cuando se usa con conciencia, con riesgo, con intención. Cuando no busca likes, sino sentido. Cuando incomoda más que adorna.
Así, cada palabra puede ser trinchera o maquillaje. Y en tiempos de confusión, elegir el lenguaje que revela es elegir el lado de la lucidez.
ESCUCHA
¿La tecnología nos está escuchando?
R. Sí. Y no sólo con micrófonos. Nos escucha en patrones, en hábitos, en omisiones. Sabe qué buscamos, qué evitamos, qué nos hace clic. La tecnología no necesita entendernos: le basta con predecirnos.
Cada clic es confesión. Cada scroll, deseo. Cada silencio, datos. Nos hemos vuelto transparentes para sistemas opacos. Y mientras creemos que navegamos, somos navegados.
La paradoja es que la tecnología no nos espía: nos interpreta. No nos juzga: nos perfila. Y en ese perfil, decide qué vemos, qué compramos, qué creemos.
¿La solución? Ésta no es apagar el dispositivo, sino encender la conciencia. Saber que cada interacción deja huella. Que cada búsqueda revela más de nosotros que de lo que buscamos.
La tecnología nos escucha, sí. Pero también podemos hablarle con intención. Usarla para pensar, no sólo para consumir. Para crear, no sólo para repetir.
Porque si la tecnología nos escucha, más vale que sepamos qué estamos diciendo. Y, sobre todo, qué estamos callando, y esto sin tomar en cuenta lo que el C5 arrebata.
