Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 7 noviembre 2025
LOS RANKINGS ¿Por qué nos fascinan los rankings? R. Porque nos ofrecen una ficción reconfortante: la idea de que todo puede ordenarse, medirse, compararse. En un mundo caótico, el ranking es el placebo del control. Del 1 al 10, del mejor al peor, del más ...
LOS RANKINGS
¿Por qué nos fascinan los rankings?
R. Porque nos ofrecen una ficción reconfortante: la idea de que todo puede ordenarse, medirse, compararse. En un mundo caótico, el ranking es el placebo del control. Del 1 al 10, del mejor al peor, del más influyente al más irrelevante. Pero, ¿quién decide los criterios? ¿Qué se mide y qué se omite?
Los rankings no son verdades, son narrativas. Reflejan obsesiones culturales, intereses comerciales y algoritmos que premian lo visible. El restaurante “top” puede tener buena iluminación y pésima sazón. La universidad “líder” puede formar autómatas sin alma. Y el atleta “del siglo” puede ser el más mediático, no el más humano. El problema no es el ranking, sino nuestra fe ciega en él. Cuando confundimos el número con el mérito, dejamos de pensar y empezamos a obedecer. Nos volvemos consumidores de listas, no creadores de criterios. Así, el ranking se convierte en espejo de nuestras inseguridades. Queremos saber dónde estamos, pero no por quién somos, sino por cómo nos comparan. Y, en ese juego, siempre hay alguien que pierde.
LA IA
¿La inteligencia artificial nos hará más humanos?
R. Sólo si la usamos como herramienta, no como muleta. La IA puede liberar tiempo, automatizar lo tedioso, ampliar horizontes. Pero también puede atrofiar el juicio, diluir la empatía y convertirnos en espectadores de nuestra propia vida.
La IA no es amenaza ni salvación. Es espejo. Refleja nuestros sesgos, amplifica nuestras obsesiones y, a veces, nos obliga a preguntarnos qué significa pensar. Si la usamos para evitar decisiones, emociones o contradicciones, no es inteligencia: es anestesia.
El peligro no es que la IA piense por nosotros, sino que dejemos de hacerlo. Que deleguemos la duda, el error, el matiz. Que confundamos eficiencia con sabiduría.
Ser más humanos implica abrazar lo que la IA no puede simular: el conflicto ético, la intuición, el arte de equivocarse con sentido. Si la IA nos ayuda a ser más conscientes, bienvenida. Si nos adormece, entonces no es progreso: es rendición.
La pregunta no es si la IA nos hará más humanos, sino si nosotros queremos seguir siéndolo.
TIRAR O GUARDAR
¿Por qué nos cuesta tanto tirar cosas?
R. Porque cada objeto guarda una historia. No tiramos el suéter viejo, sino el recuerdo del abrazo. No desechamos el celular roto, sino las fotos que ya no miramos. Acumulamos no por necesidad, sino por miedo al olvido.
Vivimos rodeados de reliquias emocionales. Cajones llenos de “por si acaso”, estantes con “algún día”, cajas con “no sé, pero me da cosa”. Y, mientras más guardamos, menos espacio dejamos para lo nuevo.
El desapego no es frialdad: es madurez. Tirar no es olvidar, es reconocer que el pasado ya cumplió su función. Que la memoria no vive en el objeto, sino en nosotros.
La ironía es que, al soltar, recordamos mejor. Porque el vacío no es pérdida, sino posibilidad. Y aprender a tirar también es una forma de cuidar: el espacio, la mente, el planeta.
Así que la próxima vez que dudes entre conservar o soltar, pregúntate si estás guardando por amor… o por miedo.
