Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 3 noviembre 2025

EL ARTE MEXICANO ¿Sigue siendo revolucionario o ya se volvió únicamente decoración? R. El arte mexicano nació con machete en mano. Rivera pintaba obreros como dioses, Siqueiros disparaba con pinceles, Kahlo convertía el dolor en emblema. Era arte que mordía, que ...

EL ARTE MEXICANO

¿Sigue siendo revolucionario o ya se volvió únicamente decoración?

R. El arte mexicano nació con machete en mano. Rivera pintaba obreros como dioses, Siqueiros disparaba con pinceles, Kahlo convertía el dolor en emblema. Era arte que mordía, que incomodaba, que gritaba.

Hoy, muchos artistas parecen más preocupados por el algoritmo que por el alma. ¿Dónde quedó la furia, el grito, el conflicto? ¿Cuándo el mural se volvió selfie?

Claro, hay excepciones. Minerva Cuevas sabotea el capitalismo con instalaciones que simulan anuncios. Teresa Margolles expone rastros de violencia: sangre, polvo, silencio. Pero también hay quien pinta aguacates gigantes o pone luces LED en una piñata y lo llama “crítica poscolonial”.

¿El arte se domesticó? Tal vez. Pero también se diversificó. Hay performance en la calle, arte digital en el metaverso, grafiti que dice más que mil tesis. El problema no es que el arte decore, sino que deje de incomodar. Porque si el arte no molesta, ¿para qué sirve?

LOS RÉCORDS

¿Por qué algunos récords se rompen como si fueran de papel, mientras otros resisten como piedra?

R. No todos los récords nacen iguales. Algunos, como el salto con pértiga de Armand Mondo Duplantis —ese acróbata sueco-luisiano que desafía la gravedad con una vara—, caen por avances técnicos, entrenamiento milimétrico y una competencia que no perdona. Otros, como la velocidad en maratón o los límites de resistencia humana, se topan con fronteras biológicas que no se negocian.

Pero hay otra dimensión: el contexto. En el deporte, los récords se rompen en laboratorios disfrazados de estadios, con reglas precisas y tecnología que afina cada músculo. En cambio, los récords climáticos —temperaturas inéditas, incendios descomunales, deshielos sin pausa— se baten por acumulación de caos: emisiones, deforestación, urbanización. No hay jueces ni cronómetros, sólo aceleración.

Compararlos revela una paradoja: cuando el sistema empuja sin resistencia, los límites caen más rápido. En el deporte, eso se aplaude. En el clima, debería helarnos la sangre.

Romper un récord puede ser hazaña… o advertencia. Y entenderlo exige mirar más allá del músculo y reconocer las fuerzas —tecnológicas, ambientales, sociales— que moldean lo posible. Porque no siempre que se rompe algo hay motivo para celebrar.

Temas: