Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 19 de agosto de 2025
AMERICANO Y MEXICANOSeñor Lamont, ¿qué dice usted de que se dice yo que en realidad en Estados Unidos no se habla inglés, sino “americano”, y que aquí no hablamos español sino “mexicano”? R. El argumento suyo de que en Estados Unidos no se habla inglés, ...
- AMERICANO Y MEXICANO
Señor Lamont, ¿qué dice usted de que se dice (yo) que en realidad en Estados Unidos no se habla inglés, sino “americano”, y que aquí no hablamos español sino “mexicano”?
R. El argumento (suyo) de que en Estados Unidos no se habla inglés, sino “americano”, o en México “mexicano” en vez de español, es más social y cultural que lingüístico. El inglés estadunidense y el británico son variantes del mismo idioma: comparten gramática y vocabulario básicos, aunque tienen diferencias claras en pronunciación, vocabulario y ortografía, como “color” en Estados Unidos y “colour” en Reino Unido. Sin embargo, son mutuamente comprensibles y no se consideran lenguas distintas, sino dialectos o variantes.
Lo mismo ocurre con el español. El español de México es una de muchas variantes regionales, con modismos, pronunciación y vocabulario propios, pero sigue siendo completamente comprensible para hispanohablantes de España, Argentina o Chile. “Mexicano” no es una lengua diferente, sino una variedad local del español.
A veces la gente usa estos términos para expresar identidad cultural o diferencias nacionales, pero, en términos lingüísticos, siguen perteneciendo al inglés y al español, respectivamente. Ninguna institución lingüística reconoce oficialmente el “americano” o el “mexicano” como lenguas separadas; se consideran variantes. En resumen, las diferencias entre inglés americano e inglés británico, o entre español mexicano y español de España, son propias de dialectos y no justifican el considerarlas lenguas separadas.
- EL BURÓ DE CRÉDITO
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¿Me puede decir quién controla el Buró de Crédito?, ¿es parte del gobierno o es un negocio privado y por qué se deja que afecte tan fuertemente a los que, como yo, buscamos adquirir una vivienda por primera vez?
R. Le comparto cómo el puntaje de crédito funciona como una barrera silenciosa para la vivienda. En México, conseguir vivienda puede depender de un número que pocos entienden: el puntaje de crédito. Aunque no es parte del gobierno, el Buró de Crédito —una entidad privada regulada por la CNBV y otras autoridades— recopila y comparte historiales financieros que influyen en decisiones clave.
En México, el Buró de Crédito es una entidad privada que recopila y comparte historiales crediticios. En años recientes, se han adoptado modelos como FICO Score 4 y FICO Extended Score 4, en colaboración con Círculo de Crédito. Estos modelos buscan incluir datos alternativos —como pagos de telefonía o compras minoristas— para evaluar a personas que no tienen historial crediticio tradicional. Esto ha permitido que millones de mexicanos accedan a préstamos que antes les eran negados.
Hoy en día, muchas personas enfrentan obstáculos al alquilar una casa. Por ejemplo, Claudia, una empleada administrativa en Toluca, fue rechazada por tres arrendadores por tener un historial limitado. Aunque nunca ha fallado en pagar servicios, su perfil no aparece sólido ante el Buró. No tiene tarjeta de crédito, pero paga puntual su celular —dato que ahora se considera en modelos más inclusivos como el FICO Score 4, desarrollado con Círculo de Crédito–.
Estos modelos buscan ampliar el acceso usando datos alternativos. Pero la realidad es compleja. Las tasas de interés siguen siendo altísimas (más de 40% anual), y el sistema sigue operando con fines de lucro. Los bancos, aseguradoras y comercios pagan por acceder a los puntajes, y los consumidores, por monitorear los suyos. Aunque este esquema ofrece una puerta al crédito formal, también plantea preguntas éticas: ¿Quién vigila la precisión de los datos? ¿Cómo se protege al consumidor?
Mientras se promueve la inclusión financiera, también debemos reflexionar sobre los costos —no sólo económicos, sino sociales— de depender de algoritmos para decidir quién merece techo.
