Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 18 de agosto de 2025

LA DE TORTUGARecuerdo que hace muchos años la sopa y hasta los filetes de tortuga eran muy populares, ¿qué es lo que ha pasado, peligro de extinción, especie protegida? R. La sopa de tortuga fue considerada un manjar en el pasado debido a su sabor único, textura ...

  • LA DE TORTUGA

Recuerdo que hace muchos años la sopa y hasta los filetes de tortuga eran muy populares, ¿qué es lo que ha pasado, peligro de extinción, especie protegida?

R. La sopa de tortuga fue considerada un manjar en el pasado debido a su sabor único, textura gelatinosa y su asociación con cenas de lujo y ocasiones de alto estatus social. Durante los siglos XVIII y XIX, especialmente en Europa y Estados Unidos, era común encontrarla en banquetes de gente adinerada y en menús de restaurantes distinguidos. La carne de la tortuga verde y el galápago era muy apreciada por su sabor y por el caldo espeso que se podía preparar.

Sin embargo, varios factores contribuyeron a su desaparición. Primero, como usted indica, la caza excesiva llevó a la reducción drástica de las poblaciones de tortugas. Con el tiempo, esto hizo que la sopa se volviera costosa y rara, hasta que fue prohibida en muchos lugares por leyes que protegen a las especies en peligro de extinción. Además, los gustos culinarios cambiaron, y la textura gelatinosa que antes era apreciada comenzó a parecer poco atractiva a muchos comensales modernos.

La preparación de la sopa de tortuga también es complicada y requiere mucho trabajo, lo que desalentó su consumo a medida que la vida moderna demandaba comidas más rápidas y sencillas. Por último, el reconocimiento de la importancia ecológica de las tortugas y la preocupación por la conservación de la vida silvestre hicieron que la sopa de tortuga perdiera aceptación social. Actualmente, este plato es raro, salvo algunas excepciones en lugares como Nueva Orleans, donde se usa carne de tortuga de criadero. La historia de la sopa de tortuga refleja cómo cambian las costumbres alimentarias y la conciencia ambiental. Si la memoria no me falla el restaurante Tampico ofrecía filete de tortuga en su menú.

  • COCA-COLA (DE NUEVO)

Don Alfredo, ¿qué sabe usted de la Coca-Cola, que ha sido acusada de estar vinculada con el maltrato animal? ¿Qué tiene esto que ver con una empresa de bebidas de soda?

R. Encontré un artículo que apunta a recientes revelaciones de maltrato animal en una granja vinculada a la cadena de suministro de Fairlife, marca perteneciente a Coca-Cola, y que han vuelto a sacudir la conciencia pública. Videos filtrados por investigadores de Animal Recovery Mission muestran escenas difíciles de justificar: agresiones, negligencia y una cultura normalizada del abuso. Aunque Coca-Cola insiste en que rompió relación con dicha granja en 2023, ésta es la novena denuncia que apunta hacia proveedores de la misma red.

Más allá del escándalo puntual, el problema exige una revisión profunda: ¿Qué peso tienen los compromisos éticos cuando se repiten patrones de abuso? ¿Cuánto sabemos, como consumidores, sobre el origen de lo que consumimos? Las marcas invierten millones en marketing que habla de bienestar animal, pero pocas veces permiten auditorías transparentes e independientes.

El caso de Fairlife ilustra una falla sistémica: controles laxos, supervisión limitada y una desconexión alarmante entre el discurso corporativo y la realidad en las granjas. Mientras tanto, activistas y expertos en nutrición señalan alternativas responsables, desde productos vegetales hasta lácteos certificados por terceros.

Como sociedad, nos toca exigir más. No basta con frases bonitas en etiquetas. El respeto por los animales no es una moda: es una obligación ética que debe reflejarse en hechos, no sólo en promesas. Y como consumidores, tenemos el poder —y la responsabilidad— de presionar por prácticas justas, sostenibles y verdaderamente humanas, sin dejar de resaltar la contribución a la contaminación causada por envases de plástico de uso único.

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