Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 10 de noviembre de 2025

LOS HOMICIDIOSSeñor La Mont, ¿reducir homicidios significa mejorar la seguridad? R. Le comparto que la reducción de homicidios es una cifra. La seguridad, en cambio, es una vivencia. Este octubre, el gobierno mexicano anunció con entusiasmo una baja de 32% en ...

  • LOS HOMICIDIOS

Señor La Mont, ¿reducir homicidios significa mejorar la seguridad?

R. Le comparto que la reducción de homicidios es una cifra. La seguridad, en cambio, es una vivencia. Este octubre, el gobierno mexicano anunció con entusiasmo una baja de 32% en homicidios dolosos. Menos muertos por día. ¿Más vida? No necesariamente.

La violencia no siempre se expresa en cadáveres. Se manifiesta en el miedo cotidiano, en la desconfianza institucional, en la sensación de vulnerabilidad que no se borra con estadísticas. La cifra puede bajar, pero si el ciudadano sigue mirando por encima del hombro, algo no está funcionando.

La ironía es que el éxito se proclama desde el podio, mientras la calle sigue preguntando si puede caminar sin sobresalto. La seguridad no se decreta: se construye. Y no con números, sino con certezas. Con justicia que llega, con prevención que funciona, con instituciones que protegen.

Reducir homicidios es necesario, pero no suficiente. Si no hay reparación, si no hay confianza, si no hay transformación estructural, el miedo persiste aunque el conteo disminuya. Le planteo que la verdadera pregunta no es cuántos homicidios menos, sino cuánta dignidad más. Porque la seguridad no es la ausencia de muerte, sino la presencia de vida con sentido.

  • EL PLAN MÉXICO

¿El Plan México atraerá inversión o dependencia?

R. Una verdad de siempre es que toda inversión extranjera es una promesa con letra pequeña. El Plan México, presentado el mes pasado ante el Foro Económico Mundial, busca posicionar al país como nodo industrial estratégico. La narrativa es seductora: empleos, innovación, infraestructura. Pero ¿qué se concede a cambio?

La inversión no es neutral. Viene con intereses, con cláusulas, con mapas geopolíticos. Y si no se negocia con inteligencia, puede convertirse en dependencia: tecnológica, energética, incluso simbólica.

La paradoja es evidente: se busca soberanía con capital ajeno, desarrollo con patentes extranjeras, industria nacional con cadenas globales. ¿Es eso autonomía o espejismo? El Plan México puede ser trampolín o trampa. Todo depende de quién redacta los contratos, quién vigila los procesos y quién se beneficia realmente. Porque atraer capital no basta: hay que retener dignidad.

La clave está en el equilibrio. Que la inversión no desplace lo local, que el desarrollo no sacrifique lo ambiental, que el progreso no se mida sólo en divisas.

Así, el dilema no es económico, sino filosófico: ¿queremos ser protagonistas o proveedores? ¿Centro de innovación o maquila de conveniencia? Porque el futuro no se compra: se diseña.

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