Sin maquillaje / arlamont@msn.com.mx / 1 de enero de 2026

AÑO NUEVO

Por un año nuevo con humor, salud y otras aspiraciones razonables para todos mis amables y pacientes lectores. Empezamos un nuevo año. Y, aunque todos sabemos que el calendario no es una varita mágica, también sabemos que cambiar de fecha nos da permiso para imaginar que esta vez sí: esta vez vamos a dormir más, comer mejor, viajar más lejos, preocuparnos menos y reír más. O al menos intentarlo sin perder la dignidad.

México entra a este año con sus retos habituales, que ya son casi parte del paisaje: discusiones políticas que parecen telenovelas sin final, promesas que se reciclan como si fueran latas de aluminio, y una creatividad ciudadana que siempre encuentra la manera de seguir adelante. Pero también entramos con algo valioso: un país que, a pesar de todo, sigue produciendo arte, ciencia, música, gastronomía y humor. Mucho humor. Porque si algo nos ha salvado históricamente es la capacidad de reírnos incluso cuando el panorama parece escrito por un guionista demasiado dramático.

En lo personal, este puede ser un año para cuidar la salud… con sensatez. No hace falta convertirse en atleta olímpico en enero ni jurar amor eterno a la quinoa. Basta con moverse un poco más, escuchar al cuerpo cuando protesta y celebrar cuando coopera. Dormir mejor, comer con gusto, caminar más, y recordar que la salud no es un proyecto de 30 días, sino una relación a largo plazo. También puede ser un año para aprender algo nuevo. No tiene que ser mandarín ni violín barroco; puede ser una receta, una palabra, un destino cercano. La curiosidad es un músculo que no envejece, y ejercitarlo siempre trae sorpresas. Viajar, aunque sea a la colonia de al lado, también cuenta. A veces basta cambiar de banqueta para ver el mundo con otros ojos.

En lo afectivo, éste es un año para fortalecer vínculos sin complicaciones. Más llamadas, más sobremesas, más conversaciones que empiezan con “¿te acuerdas cuando…?”. La familia y los amigos no resuelven todo, pero sostienen mucho. Y en tiempos inciertos, eso vale oro. En lo colectivo, es un año para no rendirse. Para participar, para exigir, para construir. Para recordar que un país no mejora por arte de magia ni por decreto, sino por la suma de pequeñas decencias cotidianas. Y sí, también por la capacidad de reírnos de nuestras propias contradicciones.

Así que aquí estamos: estrenando año, estrenando ánimo y estrenando la ilusión —moderada, pero firme— de que las cosas pueden mejorar. Que venga con salud razonable, proyectos emocionantes, viajes posibles, aprendizajes inesperados y afectos que nos acompañen. Que venga con música, con sabores, con arte, con risas y con la certeza de que, pase lo que pase, seguimos aquí, listos para intentarlo otra vez Si algo nos enseña cada 1 de enero es que la esperanza, cuando se mezcla con humor, es mucho más resistente.

 

UNA A LA VEZ

¿Será cierto que las personas respiran por una fosa nasal a la vez?

R. La nariz humana puede detectar hasta un billón de olores, atrapar partículas dañinas antes de que lleguen a los pulmones y ayudar a regular las emociones. Pero su función más importante es condicionar el aire que respiramos, calentándolo y humidificándolo antes de que entre en el tracto respiratorio.

Para lograrlo, la nariz realiza un ciclo nasal: una fosa absorbe la mayor parte del aire mientras la otra toma el resto. Tras unas horas, cambian de papel. Este proceso, regulado por el sistema nervioso autónomo, depende de la inflamación o desinflamación de tejidos eréctiles dentro de la nariz. Aunque no lo notamos, si tapamos cada fosa por separado veremos que una deja pasar más aire que la otra. Por eso, cuando estamos resfriados, una fosa suele sentirse más congestionada. Los científicos creen que este vaivén mejora el olfato: algunas moléculas se perciben mejor con aire rápido (fosa dominante), otras con corrientes más lentas (fosa secundaria). Gracias a este mecanismo alternante, pocos olores escapan a nuestra capacidad de detección.

Temas: