DIVERSIDAD
¿Qué tan diversa es en realidad nuestra dieta como humanos?
R. No mucha. La realidad es que sólo 12 plantas y cinco especies animales producen 75% de los alimentos del mundo y esto revela hasta qué punto nuestra dieta global se ha vuelto limitada. Aunque existen más de 30 mil plantas comestibles, la mayoría casi no se consume.
La agricultura moderna se ha concentrado en unos cuantos cultivos —trigo, arroz, maíz, soya y caña de azúcar— y en animales como vacas, cerdos, pollos, ovejas y cabras. Esta reducción de la diversidad no es sólo una curiosidad estadística: es una señal de vulnerabilidad.
Cuando dependemos de tan pocas especies, cualquier enfermedad, plaga o cambio climático extremo puede afectar de manera desproporcionada nuestra seguridad alimentaria. Es, en esencia, poner demasiados huevos en muy pocas canastas.
Para enfrentar ese riesgo, los mejoradores de plantas están recurriendo a herramientas como CRISPR, que permiten seleccionar genes que hacen a los cultivos más resistentes al calor, la sequía o los patógenos.
La idea es recuperar parte de la diversidad perdida y fortalecer la base de nuestro sistema alimentario sin depender únicamente de unos cuantos cultivos globales.
ESTA ERA
Y usted ¿cómo calificaría esta era en que nos encontramos, con tanto abuso de los ideales democráticos?
R. Estamos entrando en una nueva era imperial. Esta idea de que entramos en un nuevo orden imperial ya no suena exagerada.
En distintas regiones, las grandes potencias actúan como si la soberanía ajena fuera negociable y la fuerza, una herramienta legítima para moldear el mundo. No se trata de imperios clásicos, sino de imperialismos funcionales, donde el control se ejerce sin anexiones formales, pero con poder militar, económico y tecnológico.
Rusia abrió una era de agresiones directas con la invasión de Ucrania, reconfigurando fronteras por la fuerza. Estados Unidos, por su parte, ha adoptado una doctrina de proyección de poder sin ocupación prolongada: desde el intento de adquirir Groenlandia hasta ataques selectivos en Oriente Medio.
La reciente guerra contra Irán, lanzada con objetivos ambiguos y sin un mandato internacional claro, refuerza esta lógica de intervención expedita.
En el hemisferio occidental, bombardearon Venezuela y capturaron al presidente Nicolás Maduro, un hecho que muchos analistas describen como un retorno explícito al intervencionismo histórico en América Latina y un mensaje geopolítico hacia Teherán, dada la cercanía entre Caracas e Teherán.
Israel mantiene un control efectivo sobre Gaza que numerosos expertos consideran una forma contemporánea de dominación territorial basada en asimetrías militares y administrativas.
La competencia por minerales críticos, rutas marítimas, infraestructura estratégica y acceso energético intensifica estas dinámicas. No estamos ante un regreso a los imperios del siglo XIX, sino ante un sistema donde varias potencias ejercen coerción, presión económica y fuerza militar puntual para asegurar ventajas estratégicas. La multipolaridad no ha traído equilibrio, sino una competencia imperial más difusa, acelerada y menos regulada.
