Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 22 de mayo de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

(OTRA DE) PECADOS

¿Hemos creado nuevos pecados o sólo variaciones de los originales?

R. Los siete pecados capitales son como el software básico de la condición humana: ira, soberbia, envidia, avaricia, lujuria, gula y pereza. No los hemos superado; simplemente los hemos actualizado a la versión digital. La soberbia ahora se expresa en “opiniones definitivas” sobre todo. La envidia se mide en likes. La avaricia se disfraza de emprendimiento eterno. La ira se volvió un deporte de tiempo completo en redes. La lujuria se tercerizó a las pantallas. La gula se volvió ansiedad alimentaria. Y la pereza se transformó en procrastinación productiva, esa habilidad de parecer ocupado mientras se evita lo importante.

No inventamos pecados nuevos; inventamos interfaces nuevas para los mismos impulsos. Cambian los escenarios, no la trama. Lo que hoy llamamos “pecados modernos” son, en realidad, los viejos vicios con mejor marketing y peor autocontrol.

(Aprovechando la pregunta anterior) LA MORAL

¿Ha cambiado nuestra naturaleza moral o seguimos siendo los mismos?

R. Si aceptamos que los pecados no cambiaron, la pregunta inevitable es si nosotros sí. La respuesta corta: no tanto como creemos. Nuestra tecnología avanza, pero nuestra brújula moral sigue calibrada por los mismos dilemas: deseo, miedo, poder, pertenencia. Lo que sí cambió es el ritmo y la visibilidad. Antes pecábamos en privado; hoy pecamos en HD y a velocidad de fibra óptica. Antes, la moral se negociaba en familia, iglesia o comunidad; ahora se negocia en tiempo real con millones de desconocidos.

Pero, en el fondo, seguimos siendo criaturas que buscan aprobación, temen la exclusión y se debaten entre el impulso y el criterio. Lo moderno no es la moral, sino el ruido que la rodea. Nuestra naturaleza no cambió; lo que cambió es la cantidad de estímulos que la ponen a prueba.

PERFUMERÍA

Don Alfredo, en reciente visita a París fui a dar a una perfumería donde me crearon unos aromas especialmente para mí, y cuando ofrecieron hacer lo mismo con colonia para mi esposo, éste se negó, allá él. ¿Me pregunto si hay algún establecimiento en donde ofrescan un servicio similar?

R. Conozco perfectamente bien el tipo de perfumería al que se refiere. En visitas pasadas a París he tenido la oportunidad de trabajar con ellos.

Le comparto, como antecedente, que París convirtió sus perfumerías en pequeños templos del olfato, lugares donde uno entra a conversar con un experto y sale con una fragancia hecha a la medida. México no heredó esa mitología, aunque sí ha construido su propia versión. El Museo del Perfume, en la Ciudad de México, ofrece talleres donde crear un aroma deja de ser un lujo y se vuelve una forma de identidad. En Opera Gallery la experiencia se acerca aún más al modelo parisino, con historia, formación y un laboratorio donde cada nota exige una decisión personal. Y fuera de la capital, estudios como ARS Aromática, en Querétaro, muestran que la perfumería de autor ya no es un capricho europeo. No somos Grasse ni el Marais, pero aquí también se entiende que un perfume no sólo se compra: se compone. En ese gesto íntimo y artesanal hay algo profundamente contemporáneo. Si anda buscando un nuevo aroma le recomiendo intente la variedad que tiene la firma Diptyque, aunque, honestamente, no los he visto por estos rumbos.