Sin maquillaje / arlamont@msn.com / 11 de mayo de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

RARO Y DE SUSTO 

¿Por qué el cuerpo hace cosas raras que asustan, pero casi nunca significan algo grave?

R. Nuestro confiable cuerpo es pésimo para mandar señales claras. Muchas sensaciones que parecen alarmantes son fallas momentáneas del sistema. Ese “bajón” al levantarte es una caída breve de presión. El dolor punzante que aparece y desaparece es un nervio enviando un mensaje fuera de tiempo. La comezón profunda que no se quita viene de los nervios, no de la piel. El hormigueo eléctrico ocurre cuando comprimes un nervio o se reduce la circulación.

El corazón que “falla” un segundo suele deberse a estrés, deshidratación o cafeína. Los destellos o borrones visuales aparecen cuando el gel del ojo tira un instante de la retina. Oler algo que no existe es una falsa alarma del sistema olfativo (la famosa fantosmia). Y ese “brinco” al dormir es un espasmo normal al entrar en sueño.

La regla es simple: un episodio aislado no dice nada; la repetición sí. Si algo ocurre seguido, ahí es donde vale la pena consultar.

LECTURA Y ESCRITURA

¿Cómo podemos volver a escribir y a leer libros en una era dominada por pantallas?

R. Lo podemos lograr recuperando algo que la tecnología nos robó sin pedir permiso: la atención larga. Leer y escribir requieren continuidad, no notificaciones. El truco no es heroico; es logístico.

Primero, bajar la exigencia: no “leer una hora”, sino diez minutos diarios. El cerebro vuelve a acostumbrarse.

Segundo, crear un ritual: mismo sillón, misma bebida, mismo horario. La repetición construye hábito.

Tercero, reducir fricción: libro a la mano, libreta abierta, teléfono lejos.

Y cuarto, recordar el placer: la lectura no compite con el celular; compite con el olvido.

La ironía: en un mundo saturado de contenido, el libro sigue siendo el único espacio donde la mente respira sin prisa.

Nota, acabo de mover mi tintero y guardaplumas junto a mi libreta de notas para, de nuevo, escribir con mi fiel y querida Montblanc, fuente.

RAYO LÁSER

¿Qué pasa con un láser cuando lo apunto al cielo y lo apago?

R. Nada y mucho. La luz que ya salió sigue viajando aunque tú apagues el láser. No se queda encendida ni “activa”, pero lo emitido continúa su camino hasta que algo la disperse o la absorba. ¿Por qué parece que el rayo se corta? Porque, al subir, hay menos partículas que reflejen la luz hacia tus ojos. El rayo sigue; tú simplemente ya no lo ves.

Es como lanzar una hilera de canicas por un pasillo oscuro. Cuando sueltas la última, ya no salen más… pero las que lanzaste siguen rodando hasta que algo las detenga. El láser funciona igual: tú dejas de emitir, pero lo que ya salió sigue su viaje. En el vacío, donde no hay aire, polvo ni nada que absorba o desvíe la luz, un fotón puede viajar millones de años sin perderse, como la luz de estrellas lejanas que llega hoy a la Tierra.

En la atmósfera real, en cambio, la luz del láser se va dispersando poco a poco hasta desaparecer.

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