DÍA DE LAS MADRES
Don Alfredo, ayúdeme a interpretar este Día de las Madres, algo de contexto aparte de lo emocional.
R. Con gusto le comparto los siguientes pensamientos acerca del día de la “solo hay una” (aunque en realidad en algunos casos si ha habido “más de una”).
Día de las Madres: la fiesta nacional del chantaje emocional (con flores incluidas). En México, el 10 de mayo no es una fecha: es un operativo nacional. Un país entero se detiene, los restaurantes colapsan, las escuelas montan festivales que parecen castings de La Voz Kids, y los hijos, adultos incluidos, entran en pánico logístico. Porque aquí no celebramos a la madre: la veneramos, la tememos y la obedecemos… todo al mismo tiempo.
La ironía es que el Día de las Madres es la única festividad donde nadie se atreve a improvisar. Para Navidad puedes llegar tarde; para un cumpleaños puedes mandar mensaje; pero el 10 de mayo, si no apareces con flores, regalo y sonrisa, pierdes derechos hereditarios.
Y claro, está el ritual del “no me regales nada, hijo”. Una frase que en México significa exactamente lo contrario. Es un código cultural: “Sorpréndeme, pero adivina tú sola qué quiero, porque yo no te lo voy a decir”. Y uno ahí, navegando entre perfumes, bolsas, electrodomésticos (prohibidos), y la eterna duda: ¿flores o chocolate? Spoiler: ambos.
Lo más fascinante es que el 10 de mayo revela la verdad antropológica del país: México es una nación matriarcal disfrazada de patriarcado. Los hombres creen que mandan… hasta que suena el teléfono y escuchan: “¿Ya vienes?”. Ahí se acaba toda masculinidad tóxica.
Pero más allá del caos, el tráfico y los desayunos imposibles de reservar, el Día de las Madres tiene un superpoder: nos obliga a detenernos. A recordar quién nos sostuvo, quién nos gritó, quién nos curó, quién nos empujó, quién nos regañó, quién nos salvó. Y sí, quién nos manipula con culpa desde entonces.
La verdad es simple: México no sería México sin sus madres. Ni nosotros seríamos nosotros sin ese amor que abraza, exige, regaña, perdona y vuelve a empezar. Un amor que, como todo lo mexicano, es intenso, ruidoso, dramático y profundamente leal.
Así que este 10 de mayo, celebremos como se debe: con flores, comida, risas… y la promesa de que el próximo año sí haremos la reservación con tiempo. Aunque todos sabemos que no.
ÚNICAS
¿Hay enfermedades que compartimos con los animales y hay otras que sólo afectan a humanos o sólo a ellos?
R. Sí, y la frontera es más interesante de lo que parece. Entre mamíferos, compartimos muchas enfermedades: rabia, tuberculosis, influenza, salmonelosis, incluso ciertos coronavirus. Somos más parecidos de lo que nos gustaría admitir.
Pero también hay enfermedades exclusivas. A los humanos, por ejemplo, sólo nos da sarampión, paperas y polio; son virus adaptados a nuestra biología y no circulan de forma natural entre otros mamíferos. Del otro lado, hay males que son sólo de ellos: el moquillo en perros, la leucemia felina, la enfermedad de Aujeszky en cerdos o el síndrome del hocico blanco en murciélagos.
La regla es simple: cuanto más cercano el parentesco, más fácil compartir patógenos. Pero cada especie guarda sus propios “secretos” biológicos que ningún otro mamífero hereda.
