Un tobogán de dólares

Dicen que “ni todo el dinero ni todo el amor”: ¿eso aplica para varios sentidos de los involucrados y los aficionados de uno de los equipos más, pero más caros del beisbol? Lo de los Mets de Nueva York es una historia peculiar desde su llegada vía expansión en 1962, cuando la urbe de hierro seguía sollozando por la partida de los Dodgers desde Brooklyn y de los Gigantes hacia San Francisco.

Sí tienen sus dos campeonatos de Serie Mundial (1969, 1986) y han generado una identidad tan fuerte como para que muchos recordemos la manzanota de su anterior inmueble —el Shea Stadium—, al fabuloso Mr. Met como una mascota simpatiquísima y a un desfile de extraordinarios peloteros, con la cereza del pastel en forma del dineral que pagó el genio —de los números— Steve Cohen para adquirir el equipo en un 2020 viral, por fin haciendo a un lado la hegemonía de unos Wilpon como familia muy cuestionada.

Esto nos demuestra claramente cómo se puede ser casi clarividente en otros temas, aunque en el beisbol ni tapizando de dólares el dugout y el vestidor se puede acceder a esas victorias.

En estos momentos, el conjunto metropolitano dirigido por Carlos Mendoza está padeciendo una horrorosa marca de 7-16: aun cuando estamos apenas cerrando el abril del largo y laborioso calendario ligamayorista, se ve como una pichada a las costillas ese rosario actual de DOCE derrotas consecutivas, sobre todo con un David Stearns como directivo sin muchas pistas de cómo resolver este desgarriate, ojo que tienen a Carlos Beltrán como, digamos, “elemento disponible” para el staff, ahora que ya lo entronizan este julio.

Hace casi nada, poco en meses, pues, hablábamos del llamativo proyecto de los Mets para hacer de los alrededores de su actual estadio, el Citi Field (desde 2009), un verdadero centro de entretenimiento… sí, ¿un “centro” sin una franquicia exitosa como pretexto para visitar todo lo demás?

Les pegaron fuerte los Mellizos de Minnesota como un visitante incómodo y a la postre hasta burlón, la verdad, los muros del estadio eran unos silentes testigos de una especie de colapso, pero tenemos más preguntas: ¿cómo pones a los bateadores a no pensar desesperadamente los turnos?, ¿cuánto más pitcheo necesitas? Dice Francisco Lindor algo así como “estamos bien conscientes” con la idea de cómo los resultados —y más en las Grandes Ligas como lo TOP que son— deben trabajarse A DIARIO.

Los números son fríos y en seis juegos se perdió una ventaja, por eso las oficinas la pasan mal en serio al intentar armar un bull pen competitivo. Lejos de si los Mets de Nueva York son el ejemplo de cómo no invertir, el beisbol debería pensar en cómo aprender de cada situación: al menos, este equipo mueve inversión y no “nada de muertito”, como otros…