Rebelión en la granja… de Donceles

Sugirieron la renuncia de su compañera Brenda Ruiz.

Apenas se fueron las visitas y los diputados de Morena sacaron su ADN perredista para darse hasta con la cubeta, pues se quejan de que no hay quién los defienda ante el desprecio de los secretarios de Clara Brugada, que siempre los pelusean.

Aunque tuvieron oportunidad de decírselo en su cara a la jefa de Gobierno, que junto con la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, presidieron por la mañana la reunión plenaria de los diputados capitalinos, nadie se atrevió a insinuarlo.

Nada más se despidieron y los legisladores se soltaron el pelo, al grado de pedir más apoyo para su coordinadora, Xóchitl Bravo, de quien, dijeron, necesita refuerzos a fin de que los diputados no sean tratados por el gobierno como simples levantadedos.

Sugirieron la renuncia de su compañera Brenda Ruiz, vicepresidenta del grupo parlamentario, de quien dijeron que, fuera de preparar bien el café y de organizar cumpleaños, no tiene ninguna otra habilidad.

Incluso se referían a ella como el elefante blanco que nadie ve en la sala, y recordaron que Ruiz estaba ahí como pago a Adrián Rubalcava, pues era posición de él, pero que ahora que el director del Metro cayó de la gracia de Brugada, tendría que dejar el espacio.

Los comentarios de sus compañeros calaron tan hondo a Bravo, que incluso puso su renuncia sobre la mesa como coordinadora y les pidió a todos que levantaran la mano quienes estuvieran a favor de que se fueran ambas, pues a ellas las había puesto Clara.

Nadie se atrevió, por supuesto, pero, en cambio, Víctor Hugo Romo propuso la creación de dos comisiones legislativas paralelas, a fin de que éstas empujen directamente los temas de todos los diputados de casa y no les pongan trabas en el gobierno.

Porque, según él, el gabinete de Brugada no está cumpliendo la instrucción que les dio de atender todas las gestorías de los legisladores. Para Romo, la burbuja que la mantiene aislada no le informa de cómo están las cosas y vive engañada.

Además de él, y de Fernando Zárate, que fue quien pidió fortalecer la coordinación para que les haga caso su propio gobierno, los demás sólo hablaban entre ellos.

Se comentó sobre focos rojos por la falta de interlocución con la Jefatura de Gobierno, donde nadie le dice a Clara que las cosas no están bien como le informan, sino cada vez más cerca de la falta de identidad que el domingo hizo Eduardo Cervantes, primer dirigente morenista en la capital.

Si bien la rebelión en la granja fue en Donceles, eso no pasaría si el secretario de Gobierno, César Arnulfo Cravioto, hiciera su chamba. Pero como ni él ni Clarita la hacen, pues que no se sorprendan después si hay otro 2021 en la CDMX.

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CENTAVITOS

Los temas como el desorden en la plenaria morenista no tendrían que ocurrir si Cravioto se aplicara, aunque sea un poquito, pues se supone que debe armonizar lo político en la capital del país, además de un montón de cosas que no atiende porque, al parecer, su capacidad no le da para más. O a menos que sea cierto lo que se dice en los pasillos del Zócalo, que esa tarea la pidió para él Tomás Pliego, secretario de Atención Ciudadana que sueña con que alguien lo tome en cuenta algún día, aunque su nivel no le ayuda mucho. Bueno, en realidad, a ninguno de los dos, pues ambos son gente con muy baja vibración energética como para poder con el paquete. Clara necesita a alguien que le sepa y que, en lugar de que le estorbe, le ayude a tejer alianzas no sólo con la oposición, sino con los de casa.

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