Morena está oxidada; Alessandra los barrió

No esperaban que la alcaldesa desafiara a todos y acabara siendo la auténtica moderadora...

Apoltronados en el gobierno, en Morena ya olvidaron incluso cómo armar un escándalo a sus adversarios. Están tan oxidados, que el viernes quisieron emboscar a la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega, y se llevaron una revolcada.

Atendiendo la línea de crear una narrativa que inculpe a la alcaldesa en Cuauhtémoc de financiar a los grupos que marcharon en 15 de noviembre contra la 4T, diputadas morenistas le tendieron una trampa en Donceles, donde fue citada para discutir el presupuesto 2026.

Era el escenario ideal para ir sobre ella, pero el oficialismo eligió mal a sus villanas, empezando por la presidenta de la Comisión de Presupuesto, Valentina Batres, a quien le ganó su vena porril, y de moderadora pasó al ataque desde el micrófono, perdiendo el control… y la batalla.

No esperaban que la alcaldesa desafiara a todos y acabara siendo la auténtica moderadora, definiendo cuándo hablar y cuándo ceder la palabra, ante la incredulidad de Batres, quien regularmente es la que saca de quicio a sus rivales.

Pero cómo querían ganar si pusieron a su vicecoordinadora, Brenda Ruiz, a organizar las cartulinas contra la invitada. Fue cómico ver cómo buscaba subirse a las sillas para intentar mostrar su manta; no, definitivamente lo suyo es preparar el café.

Claro que Alessandra no estuvo sola, pues contó con las aguerridas diputadas Liz Salgado y Frida Guillén, quienes se fajaron como las buenas para mantener a raya a las rijosas, mientras su coordinador, Andrés Atayde, observaba satisfecho sus acciones.

En una orilla del salón, Obdulio Ávila, director de Gobierno de la Cuauhtémoc, miraba atento a las intervenciones de su jefa. Nunca perdió la compostura ni siquiera para sonreír, pues habría dejado ver su largo colmillo.

Cuando a la funcionaria le cuestionaron haber quitado las estatuas del Che Guevara y de Fidel Castro, acusándola de ignorar su importancia histórica, la alcaldesa respondió con un rejón, dejándoles una herida de esas que tardan más de quince días en sanar.

Les propuso que en lugar de adorar a asesinos y dictadores, mejor fundieran esas estatuas para hacerle una a Carlos Manzo, el alcalde de Uruapan al que gobierno abandonó y fue asesinado; nadie dijo nada.

El asunto les salió tan mal a las morenistas, que Valentina acabó pidiendo desesperadamente que le apagaran el micrófono a Rojo de la Vega, que les estaba dando una paliza.

Incluso al final Alessandra fue despida por sus acompañantes entre gritos de “alcaldesa… alcaldesa…”, y no salió a hombros porque las corridas ya están prohibidas, que si no…

A la salida le preguntaron sobre la amenaza de destituirla, y la alcaldesa casi se carcajea. Dijo que para eso tendría que haber una sentencia judicial, pero que los morenistas ni siquiera han presentado denuncia.

La quisieron crucificar y lo único que lograron fue victimizarla y sumarle puntos, lo que no necesariamente es bueno para ella. Desde hoy tendrá que mirar por dónde pisa, pues ya es una obsesión incluso en Palacio Nacional.

CENTAVITOS

Por cierto, llamó la atención que desde La Mañanera del Pueblo la presidenta felicitara a los diputados de Morena por proponer en Donceles un exhorto para que tanto la Fiscalía de la CDMX como la Secretaría de Seguridad Ciudadana sigan investigando los actos del 15 de noviembre en el Zócalo, en los que quieren involucrar precisamente a Alessandra. ¿En serio hay que exhortar a los funcionarios a que trabajen o, de lo contrario, no hacen su chamba?

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