La maldita herencia de AMLO

Al llegar al gobierno del Distrito Federal en 2006, Marcelo Ebrard tuvo que contratar a Pedro Aspe Armella, quien había sido secretario de Hacienda con Carlos Salinas de Gortari, para que le ayudara a reestructurar la deuda pública de la capital, que había crecido como ...

Al llegar al gobierno del Distrito Federal en 2006, Marcelo Ebrard tuvo que contratar a Pedro Aspe Armella, quien había sido secretario de Hacienda con Carlos Salinas de Gortari, para que le ayudara a reestructurar la deuda pública de la capital, que había crecido como nunca.

Y es que su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, había dejado las finanzas de la ciudad en rojo, al grado de que si el entonces DF hubiera sido una empresa, ésta habría tenido que ser declarada en quiebra.

En ese tiempo, Ebrard tuvo que pagar 100 mil pesos mensuales al despacho Protego, de Aspe Armella, para que pusiera sus conocimientos al servicio de las finanzas de la capital, pues López Obrador había demostrado que de gobierno no conocía nada que no fuera regalar dinero.

“Nosotros no coincidimos con el señor Aspe en su idea de economía, en muchas cosas, pero lo que nos interesa son los resultados que ha logrado en varias situaciones”, justificó en ese tiempo Ebrard.

El tema viene a cuento porque 18 años después el tabasqueño lo volvió a hacer, pero ahora al dejar el país al borde de la quiebra, luego de una desastrosa administración durante el tiempo en que fue presidente de la República.

Con un manejo irresponsable de las finanzas públicas, López Obrador se dedicó a derrochar recursos regalándolos no sólo a sus fieles, sino incluso a países como Cuba, a cuyo régimen financió con recursos de los mexicanos.

Quien la está sufriendo hoy —junto con todos los mexicanos— es Claudia Sheinbaum, que recibió un país megaendeudado, con programas sociales cada vez más pesados para las finanzas y un gobierno lleno de corrupción y claramente infiltrado por el crimen organizado.

Pero nadie que conozca a Andrés Manuel se debería de sorprender por el desastre que causó, pues saben que lo suyo no es la economía. Tanto así que dejó una histórica deuda externa que presiona las finanzas públicas y cuyos intereses crecen cada día.

A pesar de ello, sus fieles se llenan la boca cada que hablan de él, calificándolo como el mejor presidente que ha tenido México, como si no vieran la falta de resultados en rubros como seguridad, salud, educación y economía, por citar sólo algunos.

Cuando en las elecciones presidenciales de 2006 los propagandistas del gobierno decían que López Obrador era un peligro para México, no sólo atacaban políticamente al tabasqueño; sabían de su capacidad de autodestrucción y desgraciadamente no se equivocaron.

Para fortuna del país, no ganó en esas elecciones ni en las siguientes, pues en aquel tiempo no era tan viejo y aún tenía fuerzas como para enquistarse en el gobierno. Hoy su salud ya no es la misma, y quizá por ello le urge acomodar bien sus piezas.

Aunque físicamente no se le ve, su presencia se siente aún en el gobierno y es claro que sigue moviendo el pandero en ciertos temas, porque dejó cuñas por doquier para mantener atada de manos a la Presidenta.

Ésa es la maldita herencia de López Obrador que México tiene que aguantar.

CENTAVITOS

Morena y sus aliados, tan propensos a tomar las calles a la menor provocación, no se han movilizado en la Ciudad de México por la represión de autoridades estadunidenses contra indocumentados nacionales. En otros tiempos ya hubieran rodeado la Embajada de EU en México para protestar, pero se mantienen bien guardaditos en sus cavernas para no molestar al país vecino. De cuándo acá tan modositos los morenitos, que no dejan pasar una. ¿Verdad que no es lo mismo ser oposición que gobierno?

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