Del abrazos, no balazos, al aguanten… aguanten

Basada en sus políticas de abrazos, no balazos que el sexenio pasado ocasionó que soldados fueran golpeados y vejados por delincuentes, y de “aguanten, aguanten” que el 2 de octubre dejó decenas de policías heridos en la CDMX, la 4T presume no ser represora. En su ...

Basada en sus políticas de abrazos, no balazos —que el sexenio pasado ocasionó que soldados fueran golpeados y vejados por delincuentes—, y de “aguanten, aguanten” —que el 2 de octubre dejó decenas de policías heridos en la CDMX—, la 4T presume no ser represora.

En su miedo a ser considerado un gobierno que abusa del poder del Estado para preservar el orden, las autoridades de Morena se convierten en un gobierno represor, no de delincuentes, sino de las libertades del pueblo.

Permiten bloqueos, muchos violentos, que impiden el derecho constitucional a la libertad de tránsito; consienten actos vandálicos que obligan al cierre de comercios, afectando el derecho constitucional al trabajo.

Modifican la Ley de Amparo para impedir que los ciudadanos se protejan contra los abusos del gobierno; ese mismo derecho que los lopezobradoristas usaron tantas veces como oposición.

Se apropiaron de la Suprema Corte y del Poder Judicial, mediante la elección de jueces y magistrados, usando acordeones para inducir el voto por quienes ellos dijeron. Controlan ya los tres Poderes de la Unión, y van por el Instituto Nacional Electoral, para eternizarse en el poder.

¿Qué hace más daño a México, usar la fuerza del Estado para someter a quienes aterrorizan a la población o dejar desamparados a los mexicanos?

Las masas financiadas por sus programas se sienten lejanas a esa represión, porque creen que sólo afecta a los ricos y poderosos, que merecen sufrir como ellos. No se dan cuenta de que esa degradación los alcanzará junto con sus familias.

Regresando al 2 de octubre, parece que para el gobierno sus policías son sólo números. Alrededor de 100 resultaron heridos, tres de gravedad; para la 4T no significa nada, pues cuentan con casi 100 mil.

Si el propio gobierno no respeta a sus fuerzas del orden, ¿por qué lo van a hacer los vándalos que se saben intocables al atacarlos? ¿Alguien piensa en el sentir de los policías o de sus familias, que los ven inermes ante las agresiones de delincuentes?

¿Qué consuelo les puede dar que la jefa de Gobierno los visite en sus camas de hospital y les diga que no están solos, cuando justamente así los dejaron durante la violenta manifestación por las calles de la ciudad?

Son carne de cañón, como también lo fueron soldados y tropas federales durante el sexenio de los abrazos, no balazos, que tanto festinaron Morena y aliados.

Sería fácil culpar al secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez; es el jefe de la Policía, pero no se manda solo, pues recibe órdenes de Clara Brugada a través de su secretario de Gobierno, César Cravioto, quien alabó “la entereza de los policías al no caer en provocación”.

Como él vio todo a través de las cámaras de su oficina…

Por cierto, a raíz de los desmanes de julio en la Condesa-Roma y el Centro Cultural Universitario, Brugada encargó a Cravioto un protocolo de actuación ante movilizaciones, que nomás no se ve por ningún lado.

Parece que el gobierno capitalino confunde el uso de la fuerza con la represión; cree equivocadamente que son sinónimos.

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CENTAVITOS...

En el evento de Claudia Sheinbaum ayer en el Zócalo, las banderas de los asistentes reflejaron muchos mensajes, no precisamente de unidad, pues un nutrido grupo llevaba imágenes de un dragón —símbolo utilizado por el director del Metro, Adrián Rubalcava—, y otras con el símbolo de Batman, como muchos conocen a Omar Hamid García Harfuch. Se pusieron enfrente para que la doctora sintiera sus afectos.

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