La Cuauhtémoc no es Zacatecas

Bienvenido a la jungla del DF, donde las delegaciones tienen gobernantes virtuales.

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

Por supuesto que es loable que Ricardo Monreal haya rechazado un paquete anónimo con 1.5 millones de pesos en efectivo, sobre todo, porque a estas alturas ya se dio cuenta de que si algo le faltará para su tarea en la Cuauhtémoc es, precisamente, dinero.

Quizá estaba pensando que una delegación política se manejaría igual que una gubernatura, como la que encabezó en Zacatecas o, al menos, como alguna alcaldía.

En esos lugares un gobernador tiene presupuesto, decide en qué gastarlo y si no le alcanza, pues pide prestado y endeuda al tope su administración; total, ya vendrá el siguiente a pagar las cuentas.

Bienvenido a la jungla del DF, delegado Monreal, donde las delegaciones políticas tienen gobernantes prácticamente virtuales, que no cuentan con presupuesto, no deciden los gastos y, por supuesto, no tienen el menor chance de pedir un préstamo.

Quizás el zacatecano debió leer las letras chiquitas del contrato antes de aceptar ser candidato a jefe delegacional, pues para empezar necesita de los diputados locales para que le asignen un presupuesto decente cada año y su partido no le ayudará en nada.

Ah, pero de los millones que le asigne la ALDF, hay que descontar —de saque— al menos 65 por ciento del presupuesto para pago de nóminas, pues más de seis de cada diez pesos los consume la burocracia y ahí no hay nada que hacer.

También hay que restar lo que viene etiquetado, pues la comida de los Cendis, por citar un pequeñísimo ejemplo, no puede faltar. Y falta todo lo que el gobierno regala a través de sus programas sociales.

Quitando todo lo etiquetado, queda prácticamente nada para que el delegado cumpla siquiera la más mínima parte de sus promesas de campaña o de las necesidades que le planteen los vecinos, por la sencilla razón de que tendrá no dinero, tendrá que pedirlo.

Y, claro, falta ver si la Secretaría de Finanzas del DF suelta a tiempo los recursos para cubrir los pocos contratos que el delegado pueda signar.

Es decir, antes de suscribir un contrato, el delegado tiene que ver cuánto le autorizan, si es en el rubro autorizado y después de ello, rezar para que Finanzas abra la llave y le lleguen los recursos a tiempo.

Porque a diferencia de una gubernatura, aquí el manejo del dinero está centralizado y depende mucho del humor y de las buenas relaciones que el titular tenga con el Gobierno del DF.

¿Así se lo imaginaba Monreal?, seguro no y por eso tantas bombas mediáticas que sólo buscan distraer.

CENTAVITOS... El que anda buscando a diputados y exdiputados para que no se le caiga el teatro en la ALDF es Gaudencio Chávez, uno de los caciques de los tres sindicatos que existen en Donceles, pues las bases ya se le rebelaron por hacer perdedizas varias plazas que a finales de la pasada legislatura la experredista Ariadna Montiel autorizó. Dicen que de los 17 lugares, tres le dio al sindicato de José Carlos Hernández y uno al de Anelly Lujano. ¿Y los otros 13?, le preguntan. Diez los rifó al estilo Morena, sin respetar perfiles o derechos, aunque llama la atención que una plaza fue para Carolina Pérez Gordillo, exsecretaria particular de Martí Batres. En un intento por librarla, Gaudencio ya embarró a gente como el priista Israel Betanzos y hasta al exdiputado y hoy consejero jurídico del DF, Manuel Granados, asegurando que ya le dieron su aval.

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