¿A quién le servirá Morena?
El Peje se tardó tres meses en juntara 60 mil en todo el país.

Adrián Rueda
Capital político
Apenas el domingo pasado Andrés Manuel López Obrador anunció que Morena había cumplido con la cuota de 20 asambleas estatales, por lo que tenía derecho a ser registrado como partido político.
Aunque la información es parcialmente cierta, pues sólo representa el primero de muchos pasos antes de obtener su registro oficial, lo cierto es que quizás el menos beneficiado con esa agrupación sea precisamente López Obrador.
Para empezar, de los 16 millones de seguidores que presume tener, El Peje se tardó tres meses en juntar a 60 mil en todo el país; el mínimo requerido para que sus asambleas fueran válidas en cada estado eran tres mil y en muchas ocasiones se tuvieron que reponer los eventos porque ni esa cifra alcanzaba.
Pero asumiendo que Morena logre por fin convertirse en partido, los únicos beneficiados serían los parásitos que rodean al tabasqueño y que en su mayoría son puro desecho; es decir, escoria política.
Si se concreta su nuevo partido, a López Obrador en lo personal no le alcanzará para pelear de nuevo una candidatura presidencial, pues aunque le duela él no es Cuauhtémoc Cárdenas —quien chocheando y todo es respetado por la izquierda— ni Morena es el PRD.
Cuando Cárdenas se lanzó a fundar un partido traía detrás todo un proyecto político y el respaldo de un frente de partidos —el Frente Democrático Nacional—, y no un listado de ocurrencias y un puñado de desadaptados como son El Peje y sus secuaces.
Por muy carismático que haya sido, Andrés Manuel es un cartucho quemado en el que sólo unos cuantos siguen creyendo, pero sólo porque sus restos como político les representan la oportunidad de volver a agarrar un hueso, por chiquito que sea.
Morena servirá para que figuras muy menores como Martí Batres, Clara Brugada y Agustín El Tontín Guerrero puedan llegar quizás a una diputación local, pero no para que El Peje se encumbre en el ámbito nacional.
Aunque el de Macuspana lo niega —no sería la primera vez que cayera en incongruencias—, si le autorizan su partido éste será el refugio de lo que los demás partidos vayan desechando e incluso para aliarse con lo más corrupto del PRD: la IDN.
Le servirá, eso sí, para seguir vegetando y exprimiendo los dineros públicos, y ser el eterno líder callejero al que le interesan más lo vítores de las masas en las plazas públicas, que en verdad ser Presidente de la nación.
Por eso, quienes deben estar contentos son, más que El Peje, toda la paria que anda tras él y a los que las locuras del senil tabasqueño les pueden alcanzar para vivir sin trabajar otra temporada.
Porque nada más hay que echarle una miradita a los nombres de los morenos para darse cuenta que nadie puede tomarlos en serio y que los únicos beneficiados serán los de la imaginaria mafia del poder que tanto critica el tabasqueño, pues la única dañada con ello será precisamente la izquierda.
CENTAVITOS… Y hablando de desadaptados, luego de que Marcelo Ebrard fuera bateado como orador para el evento del PRD en el Zócalo el próximo domingo, sale ahora con un decálogo para dirigir a su partido. Independientemente de todo, trae algunas perlas dignas de comentar: que se informe cómo se gastan los mil 200 millones de pesos que recibe al año el partido; que no sirva para dar cargos a familiares y amigos, y que consulte las decisiones y respete las diferencias. Pues Marcelito debería explicar cómo es que desde la jefatura de Gobierno le dio chamba a su primera esposa, Francesca Ramos Morgan; después a su segunda, Mariagna Pratts, y luego impuso a sus amigos Mario Delgado, Vidal Llerenas, Mario Carrillo, José Ángel Ávila, Jesús Valencia y Adrián Michel en diversos puestos; y nada más porque no le dieron chance de más. Si hubo un gobierno opaco y que no consultó decisiones ni respetó diferencias ese fue el de Ebrard, que por sus pantalones construyó la Supervía y echó con granaderos a los vecinos y ni se diga el pleito personal que agarró con el hoy ex ombudsman Luis González Placencia y con los ex perredistas René Arce, Víctor Hugo Círigo y Ruth Zavaleta por no pensar como él. Seguro Marcelo acabará en Morena con El Peje, pues son igualitos.