Primero: la transformación de la economía
El Presidente de la República afirmó que elevar y democratizar la productividad era tarea principal del gobierno federal.
Las reformas hacendaria y energética son anunciadas para los primeros meses del periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión. Ambas afectarán de una manera o de otra, tanto las expectativas de las izquierdas como las expectativas de las derechas. En cambio una ley que nos dé a los mexicanos las oportunidades de construir un tipo de economía que crezca a tasas suficientemente altas para que las micro y pequeñas empresas tengan una esperanza de vida de más de tres años, se genere el empleo que demanda el bono demográfico, la distribución del ingreso tienda a reducir las terribles desigualdades imperantes y, por lo tanto, se pueda disminuir radicalmente la pobreza, nos permitiría a izquierdas y derechas unirnos en un proyecto alternativo de nación.
La inseguridad no se puede combatir solamente con el Ejército y la policía; la imposibilidad de millones de jóvenes de acceder a las instituciones públicas de educación media superior y superior no depende nada más del incremento del presupuesto de egresos dedicado a ese rubro; la pobreza no se erradica con las políticas sociales asistencialistas; éstos y muchos más son problemas que pueden empezar a resolverse si la economía mexicana cambia de rumbo respecto a la que hemos padecido los últimos 30 años. Por ejemplo, en una encuesta organizada por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) la situación que experimenta 42% de mexicanos los hace manifestar que están dispuestos a dejar el país en busca de mejores oportunidades de empleo y vida, principalmente en Estados Unidos, Canadá y España. Peor aún, 60% de los dos mil 400 ciudadanos encuestados entre mandos de sectores gubernamentales, políticos, empresariales, académicos, medios de comunicación y organizaciones sociales, está a favor de formar un solo país con Estados Unidos si esto significa una mejora en su nivel y calidad de vida.
La desesperanza de la mayoría de mexicanos, demostrada en las cifras de la encuesta citada, sólo podrá revertirse si se coloca a la transformación de la economía en primer lugar; para lo cual se requiere que: 1) el Ejecutivo federal asuma la función de estadista con visión de largo plazo y la de concertador de las visiones, estrategias e intereses de los agentes económicos; contrayendo, de esa manera, la función rectora del interés general de los mexicanos, con el objetivo de iniciar la transformación de la economía; 2) que los emprendedores acepten la necesidad de incrementar sostenidamente la productividad de sus unidades económicas, concertando sus visiones, estrategias, intereses y decisiones con la rectoría del Estado en el Comité Nacional de Productividad, instalado el 27 de mayo; 3) que los trabajadores se hagan del artículo 153 de la Ley Federal del Trabajo para capacitarse y participar, cada vez más activa y conscientemente, en el incremento de la productividad de las empresas y en la distribución de sus beneficios; y 4) que las instituciones de educación media superior y superior se articulen cada vez más con la planta productiva para que sus egresados encuentren mejores empleos y generen investigaciones aplicadas a las necesidades directas de la planta productiva para incrementar su productividad.
El 9 de mayo pasado, el secretario de Hacienda —doctor Luis Videgaray Caso— hizo públicas cifras contundentes: mientras que la economía mexicana solamente creció de 1980 a la fecha a una tasa anual de 2.4%, la economía chilena creció a una tasa anual de 4% y la coreana a 6.4 por ciento. La causa fundamental radicó en las diferencias notables del comportamiento de la productividad: la productividad en Chile creció a una tasa anual de 1%, en Corea a 2.4% y en México decreció a una tasa anual de -0.7 por ciento. Es decir, la productividad de la economía mexicana es ahora inferior a la que era en 1980; por eso decimos que para que 42% de los mexicanos no se quieran ir a vivir a otro país o para que 60% no quiera, de hecho, dejar de ser mexicano para volverse estadunidense al integrar a México al país del norte, tenemos, ante todo, que transformar nuestra economía.
El presidente de la República —licenciado Enrique Peña Nieto— afirmó, en la presentación del PND, que elevar y democratizar la productividad era tarea principal del gobierno federal. Como nos lo muestran los consejos deliberativos en el este asiático; las relaciones al máximo nivel gobierno-emprendedores-trabajadores en los países escandinavos; y las relaciones obrero-patronales en las empresas alemanas, así como las relaciones entre las empresas del Mittelstand y de éstas con los gobiernos provinciales y los institutos tecnológicos de Alemania, solamente haciendo del Comité Nacional de Productividad y de los subcomités sectoriales y regionales de productividad (que deberán crearse), instrumentos activos y permanentes —no solamente consultivos— de una política industrial selectiva o, como se dice en el PND, de una política moderna de fomento económico, es que se podrá emprender en México la transformación de nuestra economía. Significa establecer un nuevo contrato social en materia económica.
