Ley sobre competitividad-productividad

Estamos convencidos de que la ley deberá incidir en algunos temas de la reforma hacendaria y la reforma energética.

El Constituyente Permanente aprobó la reforma a los artículos 25 y 26 de la Constitución en materia de competitividad. A la Comisión de Competitividad de la Cámara de Diputados le corresponde elaborar la ley reglamentaria sobre esa reforma. Para ello, primero analizamos los problemas de la economía mexicana con el propósito de que esta ley trazara las condiciones legales que permitieran la solución de dichos problemas. En segundo lugar, como legisladores nuestra responsabilidad era escuchar las opiniones de especialistas, trabajadores, emprendedores y funcionarios públicos sobre las soluciones que proponían para resolver aquellos problemas. Al día de hoy, hemos realizado estas dos etapas y hemos emprendido la elaboración de la ley que estamos cabildeando para que pueda ser presentada en el pleno de la Cámara en un periodo extraordinario de sesiones, con objeto de que sea aprobada antes de que se presenten las iniciativas sobre la reforma hacendaria y la reforma energética, en el periodo ordinario que se iniciará el 1 de septiembre. La razón es que estamos convencidos de que la ley sobre competitividad-productividad deberá incidir en algunos temas de las dos reformas mencionadas.

La conclusión de la primera etapa se puede expresar brevemente con los siguientes datos: la economía mexicana creció de 1980 a 2010 a una tasa anual de 2.4%, mientras que de 1950 a 1980 creció a una tasa promedio anual de 6.3 por ciento. Corea, por ejemplo, a pesar de todos los problemas económicos internacionales sí creció de 1980 a 2010 a una tasa promedio anual superior a seis por ciento. Es decir, el modelo económico neoliberal fracasó mientras que las formas capitalistas de las economías del este asiático —que no han atendido el decálogo del Consenso de Washington— han prosperado. Las consecuencias de este fracaso las han padecido en estos 30 años —bajo las expresiones más agudas de pobreza, desempleo y ausencia de oportunidades para cursar la educación superior— la mayoría de los mexicanos. Buscando la causa fundamental de este fracaso encontramos que había consenso respecto a un decrecimiento promedio anual de 1980 a 2010 de -0.7% de la productividad. En cambio, el alto crecimiento de la economía coreana se debía, fundamentalmente, a un incremento promedio anual de 2.4% de su productividad.

Ahora, como legisladores, teníamos que investigar las soluciones que especialistas, trabajadores, emprendedores y funcionarios públicos sugerían para resolver el problema de la ausencia de incremento de la productividad en la planta productiva mexicana. Incluso el BID publicó un libro en 2009 que intituló La era de la productividad y en 2012 la Cepal publicó sus análisis en el libro Cambio estructural para la equidad. De octubre de 2012 —en que se instaló nuestra Comisión— a la fecha tuvimos tres reuniones con los más altos funcionarios de la Secretaría de Economía, tanto de la administración pública pasada como de la actual; escuchamos conferencias magistrales de especialistas de la UNAM y de la Cepal; realizamos 11 talleres, cinco con el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, A.C. y seis con el Instituto de Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico, y dos talleres con la Organización Internacional del Trabajo, la CTM, empresarios y trabajadores que están ya poniendo en práctica el artículo 153 de la Ley Federal del Trabajo —sobre productividad—.

Estos foros para escuchar en la Cámara de Diputados la voz de los ciudadanos terminaron esta semana con exposiciones muy interesantes, por ejemplo, la reindustrialización en el marco de la Organización Mundial del Comercio y del TLCAN por Raúl Gutiérrez Muguerza y María Elena Cardero, así como una sobre alternativas al modelo maquilador de Enrique de la Garza; bases de un nuevo paradigma para el desarrollo económico y regional de Mauricio de María y Campos y Adolfo Orive; las políticas industriales de Brasil y China de Hélio Silva Filho y Salvador Meza Lora; el desarrollo industrial de México de Arturo Oropeza; las necesidades de petróleo y gas para una industria nacional productiva y competitiva de Sergio Benito Osorio; las políticas de ciencia y tecnología para el desarrollo industrial de Juan Manuel Corona, y la protección laboral, el mercado y el comercio para una reindustrialización que habrá de iniciarse a la brevedad.

Hubo dos conferencias magistrales el lunes y el miércoles pasado: la primera, a cargo de Jeremy Rifkin sobre desarrollo industrial y medio ambiente, y la segunda, a cargo de Clyde Prestowitz sobre el modelo de producción industrial en la República de Corea y sus posibles enseñanzas para México. En esta última conferencia magistral se profundizaron y ampliaron los datos que ya se habían expuesto en esta columna respecto a las diferencias notables entre Corea y México en materia de crecimiento económico estos últimos 30 años, diferencias de vidas al hecho de que Corea había incrementado su productividad a una tasa anual de 2.4%, mientras que la productividad de la economía mexicana había decrecido a una tasa anual promedio de -0.7 por ciento.

Con toda esta información nos toca, ahora, a los legisladores hacer nuestro trabajo.

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