Política Industrial e Innovación II
Para lograr los objetivos de una política industrial con innovaciones que incrementen sostenidamente la productividad total de los factores de empresas, sectores y regiones como los descritos el domingo pasado, se requiere transformar una serie de instituciones que serían ...
Para lograr los objetivos de una política industrial con innovaciones que incrementen sostenidamente la productividad total de los factores de empresas, sectores y regiones como los descritos el domingo pasado, se requiere transformar una serie de instituciones que serían los medios necesarios para alcanzar tales objetivos.
En primer lugar, necesitamos regresar a la rectoría del desarrollo nacional por el Estado para garantizar que éste sea integral, como lo establece el Artículo 25 constitucional. El mundo entero es testigo, desde la crisis de 2008, de lo que le sucede a una economía cuando se coloca a los mercados en el puesto de mando. No propongo ni caer en alguna forma de estatismo ni quebrantar las normas de la OMC y los TLC, pero sí propongo que el Estado oriente y conduzca —incluso gobierne— ciertos mercados y coordine la gobernanza de la política industrial.
Esta gobernanza implica los consensos —con responsabilidad social— del sector público, el sector social y el sector privado, como también lo estipula el Artículo 25. La gobernanza de la política industrial que sirva para transformar el modelo económico prevaleciente desde hace 30 años puede institucionalizarse en un Consejo Nacional de la Productividad o en un Pacto de la Productividad por México que inclusive complemente al Pacto por México; con la salvedad de que en este caso los integrantes serían el Presidente de la República y los representantes más destacados —con capacidad para tomar decisiones concretas— de los sectores de emprendedores, de trabajadores y de las instituciones de educación e investigación. Estos consejos o pactos deberán replicarse a nivel sectorial y regional o estatal.
Uno de los más graves problemas que hemos padecido desde la introducción del modelo neoliberal, hace casi 30 años, es que carecemos de proyecto de nación a largo plazo, que los gobiernos tienen la tendencia a ser simples administradores de la cosa pública, y a que emprendedores, trabajadores y ciudadanos en general hemos sido hegemonizados por la ideología del cortoplacismo. Lo peor de todo es que no sólo los países emergentes exitosos, sino hasta las empresas más grandes, trazan objetivos, estrategias y planes a plazos de 20 y 30 años. Por eso el Consejo o Pacto mencionados en el párrafo anterior habrán de consensuar objetivos, estrategias y planes de largo plazo —transexenales— además de los medianos y cortos plazos que den al país una visión de la economía que queremos construir, con el propósito de que podamos conjuntar esfuerzos y alcanzar así las metas planteadas.
Estos planes deberán emprender procesos que: 1) cambien la actual estructura productiva hacia sectores con mayor capacidad tecnológica y de conocimiento, con mayor interacción con otros sectores y con mayor elasticidad en el ingreso de su demanda nacional y/o internacional, y, 2) que tiendan a incrementar, lo más rápidamente posible, la productividad total de los factores promedio a nivel nacional, es decir, que creen una “clase media de productividades” sectoriales y empresariales que rompa con la polarización que ahora existe.
Algunos historiadores quizá nos podrían decir que los mexicanos padecemos de tradiciones trayecto-dependientes de asistencialismo que provienen desde la época de la Colonia. La nueva economía deberá abandonar por completo el asistencialismo a partir de una gobernanza de la política industrial que implique a nivel nacional, sectorial y regional, matrices de compromisos signadas por los representantes respectivos del gobierno, de los emprendedores, de los trabajadores y de las instituciones de educación e investigación, que le dé seguimiento y evaluación a las medidas acordadas con objeto de que todas las partes involucradas cumplan periódicamente con lo estipulado en las matrices de compromiso; compromisos que signifiquen incrementar anualmente la productividad total de los factores en las empresas, sectores, regiones y en la economía nacional, mediante las innovaciones correspondientes en términos de capacidad tecnológica (capital físico y humano) y capacidad organizacional (capital social).
También expuse en la “Mesa sectorial de consulta del Plan Nacional de Desarrollo sobre política industrial e innovación”, realizado en Guadalajara el 12 de abril pasado, la necesidad indispensable, para que se transforme la economía, 1) que se reforme el sistema educativo enseñando el manejo del lenguaje y de las matemáticas, así como el aprendizaje básico de las ciencias, desde la educación primaria y secundaria y que la educación media y superior tomen en cuenta las competencias y las salidas transversales requeridas por la planta productiva para poder aspirar a un empleo decente; 2) que se apoye significativamente a la planta productiva con la banca de desarrollo, el financiamiento de la banca comercial y suficiente capital de riesgo; 3) que la reforma fiscal conduzca e incentive el incremento anual sostenido de la productividad total de los factores, y 4) que los tres órdenes de gobierno incrementen la adquisición de bienes y servicios proporcionados por las Mipymes, así como que Pemex y la CFE generen y desarrollen cadenas productivas ex ante y ex post.
