La competitividad de la economía (V)
México no puede seguir perdiendo el tiempo creciendo, como durante estos últimos 30 años, a una tasa anual de sólo 2.2 por ciento.
El domingo pasado, expusimos algunos de los clusters que en el futuro podrían ser los más dinámicos de la economía mexicana, conforme a la investigación del doctor Amado Villarreal del ITESM. Ahora, vamos a describir los principales puntos señalados por el doctor Marcelo Funes-Gallanzi —presidente de la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial— en ese mismo taller, antes de señalar los temas destacados por la doctora Regina Yeu- shyang Chyn, del Centro para la Innovación del Consejo de Planeación y Desarrollo Económico de Taiwán-China, que vino de Taipei exprofeso para el taller.
La industria aeroespacial mexicana está integrada por 270 empresas, con 32 mil empleados, que exportan cinco mil millones de dólares, pero sólo con 5% de contenido nacional. La participación de las Pymes es muy baja: deberían ser alrededor de 500. Ahora somos proveedores fundamentalmente del TLCAN, pero a mediano plazo los grandes mercados estarán en el oriente, con unos diez mil aviones en los próximos 20 años. Para consolidar la industria aeroespacial en México a mediano y largo plazo requerimos una mejor infraestructura y una oferta de bienes y servicios de mayor valor agregado. La infraestructura existente está orientada a procesos de manufactura, mientras que las instalaciones de investigación y desarrollo tecnológico compiten entre sí, en lugar de coordinarse para sumar fortalezas. La industria aeroespacial tiene tres sectores de gran crecimiento: los vehículos no tripulados, los helicópteros y las cargas útiles; y México tiene todo para participar en esta industria si hacemos bien las cosas.
La conferencia magistral de la doctora Chyn —subdirectora del Consejo para la Planeación y Desarrollo Económico de Taiwán-China— se trató sobre la promoción de la competitividad nacional de esta provincia con una población de 23 millones de habitantes y un PIB per cápita de 20 mil dólares anuales. Las tres etapas de desarrollo de su economía se basaron, respectivamente, en la manufactura; la inversión y el financiamiento; y el desarrollo del conocimiento de sus emprendedores, su fuerza de trabajo y sus investigadores. Sus productos estrella en 1983 eran los zapatos, las bicicletas, las máquinas de coser y las raquetas de tenis. En 2010 son los iPads, las computadoras personales, los GPS y la fibra de vidrio. Esta diferencia de productos estrella nos muestra el cambio estructural realizado por la planta productiva taiwanesa en 27 años. El cambio estructural se debió a los planes de desarrollo instrumentados desde hace 40 años y al establecimiento de lo que nosotros llamaríamos zonas económicas estratégicas.
Establecieron instituciones de capital de riesgo con Japón y convenios para la formación de ingenieros con las empresas más avanzadas en las ramas industriales que se proponían desarrollar. Ha existido una “fuerza de tarea” (traducción literal del término inglés task forcé) al interior del gabinete para incrementar la competitividad nacional desde 1996. Esta fuerza de tarea ha venido elaborando planes cuatrianuales, desde esa fecha, así como promoviendo la instalación en las ramas económicas estratégicas de las mejores prácticas internacionales correspondientes. Esa “fuerza de tarea” estableció que la competitividad nacional no implicaba mayor poder financiero ni solamente mayor poder productivo, sino también mejor educación, seguridad pública, calidad de vida y capacidad técnica; un mayor nivel de vida y un mejoramiento en su cultura espiritual.
Los objetivos del incremento sostenido de la competitividad nacional son continuos y por lo tanto implican inyectar periódicamente nuevos sentidos en las políticas públicas y en las medidas de competitividad. Por ejemplo, qué áreas socioeconómicas requieren mayor esfuerzo y en qué áreas los métodos aplicados son inadecuados o problemáticos. El ejemplo del desarrollo de la competitividad de la economía taiwanesa va de la mano con los ejemplos de los otros tigres asiáticos de la primera generación: Corea, Hong Kong y Singapur. Ejemplos que han seguido los tigres asiáticos de la segunda generación, como Malasia, Tailandia e Indonesia; por no nombrar a China y a Vietnam en estos ejemplos, porque el lector podría mencionar que su comparación con México no es válida ya que tienen un sistema político unipartidista.
México no puede seguir perdiendo el tiempo creciendo, como durante estos últimos 30 años, a una tasa anual de sólo 2.2%, con un ingreso medio per cápita semejante al de hace 30 años; con un número mayor de mexicanos padeciendo pobreza, desempleo y carencia de educación media y superior; con una mayor inequidad en términos de ingreso y de riqueza; y una mayor inequidad de capacidad productiva, tanto en términos de sectores como en tamaño de empresa. La Comisión de Competitividad está decidida a elaborar una ley reglamentaria de las reformas a los artículos 25 y 26 constitucionales, que tome en cuenta las opiniones de especialistas y empresarios dadas en estos talleres, para transformar estructuralmente nuestra economía. El próximo domingo daremos a conocer las opiniones del sector obrero y de la Organización Internacional del Trabajo a este respecto; opiniones emitidas en un taller específico.
