La competitividad de la economía (II)

La realidad es que el sistema educativo nacional no educa para un trabajo decente ni para la competitividad.

La Comisión de Competitividad de la Cámara de Diputados ha estado realizando talleres con especialistas y empresarios para recabar información que permita elaborar la ley reglamentaria de los artículos 25 y 26 constitucionales en materia de competitividad.

En el segundo taller, la doctora Gabriela Dutrénit —de la UAM Xochimilco y directora del Foro Consultivo Científico y Tecnológico—destacó que detrás de la competitividad de una economía están la productividad laboral, la transferencia tecnológica, la innovación y la ciencia aplicada. De 1996 a 2011, la productividad laboral de México respecto a Estados Unidos ha decrecido 12%, mientras que, por ejemplo, la de Chile ha aumentado 10% y la de Corea en más de 50%; el gasto en investigación y desarrollo como porcentaje del PIB de México es el más bajo de los países de la OCDE; esta baja inversión en ciencia, tecnología e innovación no sólo corresponde al sector público sino sobre todo a las empresas porque la mayoría de éstas, al ser transnacionales, realizan su investigación y desarrollo fuera del país. México está retrasado en términos de sistemas de investigación de capacidad emprendedora, de encadenamientos productivos y de activos relacionados a la economía del conocimiento. Concluyó, mostrando la necesidad de incrementar la competitividad en todos los sectores —industria, agro, servicios— y en todas las regiones de acuerdo a sus vocaciones.

La doctora Rosa Isela Gluyas Fitch —del ITESM— destacó que la formación de las nuevas generaciones de mexicanos no están cumpliendo con los estándares mínimos requeridos en términos de competitividad para hacer frente a los retos del país en los escenarios nacional e internacional, según indicadores del PISA de la OCDE. En México 4.5 millones de jóvenes no tienen la oportunidad para capacitarse ni en las universidades ni en las empresas. La realidad es que el sistema educativo nacional no educa para un trabajo decente ni para la competitividad. Se requiere un sistema educativo nacional que promueva el desarrollo de competencias alineadas a las necesidades de los sectores productivos. Una educación basada en competencias tiene el reto de desarrollar los conocimientos, las habilidades, las actitudes y los valores de una persona tanto en lo individual como en lo social, a través de un proceso de autoconocimiento y autogestión de su propio desarrollo en un continuo proceso de aprendizaje a lo largo de la vida.

El doctor Víctor Gutiérrez Martínez —de CANIETI Sureste— trató el tema de la transversalidad de las tecnologías de información y comunicación (TICs) para acceder más rápidamente a una economía del conocimiento; pensando a ésta en aquélla que se sustenta en la producción, distribución y uso del conocimiento y la información. Las fuentes de una economía basada en el conocimiento es un sistema educativo que implique una educación científica y tecnológica para crear y desarrollar nuevos conocimientos; un sistema de innovación eficiente que adapte el conocimiento a las necesidades locales de la planta productiva y en esa medida creen nuevos conocimientos tácitos; y una infraestructura dinámica de la información en términos de acceso a líneas telefónicas, computadoras e internet. Todo ello implica hacer énfasis en el uso del conocimiento como instrumento para generar valor agregado. En 2010, sólo había 32.8 millones de usuarios de internet en el país. En términos relativos, mientras que de 2007 a 2010 China, India y Brasil han incrementado su capacidad en el uso de TICs, México ha decrecido. Urge incrementar los recursos de Prosoft de la Secretaría de Economía, así como el Programa de Estímulos a la Innovación del Conacyt. Se debe fortalecer el fideicomiso de la Secretaría de Economía y de Conacyt para apoyar tanto a las empresas tractoras como a las MiPymes; y también al Fondo Sectorial de Innovación de estas dos instituciones, para el desarrollo tecnológico y la innovación.

Como un caso excepcional a la normalidad mexicana, el doctor Sadot Arciniega —del Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial— mostró el desarrollo por ese centro de un electroencefalógrafo digital de 21 canales, capaz de realizar mapeos cerebrales, medición de pruebas de electrodos, histogramas de eventos de frecuencia, transmisión de estudios vía FTP y video para paciente, que es mejor y más barato que los equipos semejantes de marcas internacionales reconocidas y que, sin embargo, no es adquirido ni siquiera por el sistema de salud público, porque ni los especialistas ni los responsables de adquisición de equipos han aprendido una cultura que los estimule en adquirir tecnología nacional y tampoco existen los incentivos correspondientes. Lo mismo sucede con un electrocardiógrafo inalámbrico y con un monitor fetal remoto, también desarrollado por esos centros.

En el segundo taller también expusieron el doctor Óscar Contreras, del Colegio de la Frontera Norte, sobre la industria del televisor en México; el licenciado Ricardo Haneine, sobre el sector de servicios, transporte y logística; y el licenciado Héctor Álvarez de la Cadena, de Canacintra, sobre diversos factores que afectan la competitividad.

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