Lupillo contra Belinda: del amor al odio hay un libro

Los ninguneados ya no lloran, los ninguneados facturan...

Bienvenidos mis sensuales fama-lovers, como saben aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones. 

¿Se acuerdan de esa rola de Chayanne Fuiste un trozo de hielo en la escarcha?

Fuiste mucho y fuiste muy poco

Así­ son las historias de locos

Son cortas y anchas con forma de corazón...

Cada que escucho algo sobre el escándalo de Belinda y Lupillo no puedo evitar imaginarme al toro del corrido cantando a voz bajita esta rola lastimera:

Fuiste tantas cosas a la vez

Que me cuesta creer que hoy no seas nada

Sobre todo porque no es verdad

No consigo olvidar

Esa mirada

Que aún me hace estremecer.

Es que desde 2019, cuando ambos cantantes coincidieron como jueces en el programa La Voz México, gente de producción soltó el run run de ese romance muuuy secreto. Fue el mismo Lupillo quien presumió su tatuaje y luego de que Beli hiciera público su noviazgo con Nodal y teniendo Lupillo novia en turno, no se contuvo y expresó “yo cené primero en la mesa”. Pa’ mí ésa fue la peor de las patanadas. Sin embargo, Beli guardó silencio. No se defendió.

 Es ahora que Rivera publica su autobiografía Tragos amargos en la que relata su relación con Belinda, que la Niña Nice pone un alto, apercibiendo a su ex para que pare de nombrarla.

Esto me llevó a pedirle a una amiga de L.A. que me leyera ese capítulo 25 del mentado libro (como aún no llega a México) y lo que escuché es a un vato apantallado por la oportunidad que muchos quisieran. En efecto, Lupillo revela el desdén inicial de Belinda en el foro de La Voz; cómo, según él, ella lo retó a besarla y hasta el gesto sorprendente de cocinarle y atenderlo como una amorosa pareja. Lupillo no dedicó su libro a ese “secreto de amor” que sólo duró meses, pero parece que toda su vida vale un kilo de eso que están imaginando, porque lo único que resuena es su versión respecto a Beli.

Yo creo que Lupillo tiene derecho a narrar su vida y si ella fue parte de su historia, pues ya está. También creo que si Beli se aventó un tentempié, un ahoga-perro, una fritanga pues, y la disfrutó, la digirió y sí, hasta le bajó al retrete y tan tan, pues también es su derecho la discreción.

El mismo Lupillo admite en su libro que ella nunca prometió amores. Él estaba en la quinta pregunta del ¿qué somos? y Beli se fue a las portadas con Nodal sin más. Si para ella es irrelevante y para él la razón por la que lloró 20 días seguidos, pues estamos frente a un caso típico de mis ayeres migajeros. No se hagan ustedes. También han rogado, stalkeado y dedicado las de Amanda Miguel... Todos nos hemos sentido el o la ningunead@ de alguien. Pobre Lupillo, tan patán él, tan presumido él, y ahora sus asesores legales orean el colmillo al asegurar que Belinda sí admite su romance en su denuncia, que ella está discriminando a su cliente por feo (palabras más, palabras menos), que Beli cayó en falsedad de declaraciones, etcétera.

Aquí se va a marcar un referente. ¿El derecho a contar mi historia termina donde empieza el derecho de la otra parte a jamás decirlo?

Si Lupillo fue para Belinda ese taco placero con asiento de cochinada y cilantro de dudosa desinfección, que sabe deli, deli, pero que al otro día te causa agruras, pues el juicio legal, que parece inminente, será el antiácido.

Los dejo, no sin antes recomendarles la obra de teatro Testosterona, con Itatí Cantoral, una puesta de dos actores y una maravillosa muestra de madurez histriónica. Además está en el corazón de la Condesa y en un foro muy íntimo dentro de la librería Rosario Castellanos. Una chulada.

 Que sean muy amad@s y valorad@s. Y no olviden: tod@s hemos sido “la fritanga” de alguien y tod@s hemos sido el tatuaje en la autobiografía de alguien.

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