Anel Noreña, la mujer que el príncipe destronó

La segunda esposa de José José vivió un accidente cardiovascular. Su libro no es apto para cardiacos.

Bienvenidos sean mis amados Fama-Lovers. Aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas sus posiciones. Pensaba abordar otro tema, pero esas cosas de la salud son así, irrumpen de catorrazo volviéndose la nota del día.

Doña Anel Noreña es una figura contrastante. Podremos quererla o no, pero a lo largo de los años ha sido dama joven, testigo y hasta villana en una historia que, de haber sido novelada, llevaría varias temporadas. José José, El príncipe de la canción, tuvo su princesa, quien siempre negó haber sido cortesana. Anel sufrió hace días un accidente cardiovascular y, aunque afortunadamente estaba cerca de un hospital y ya está dada de alta, sí la sitúa en la lista de las oraciones.

La segunda esposa del intérprete más querido de México suma por sí misma ocho décadas de puritita intensidad, Habría sido la madre de los hijos mayores de José José y la actriz de reparto y ya, pero no. Anel no podía apolillar su protagonismo en el baúl de los secretos. En su libro Volcán apagado, la famosa hizo un alarde de honestidad digno de ejemplo. Esa autobiografía era lava ardiente, mientras la voz del Príncipe no hacía ni chispa. Las vivencias de su ex eran vengalas sí, bengalas con “V” de venganza.

Siendo una jovencita, Anel fue, junto con su madre y hermana, empleada doméstica de una importante diseñadora de famosos en Hollywood. Un certamen de belleza la llevó, sin hacer fila, a la pantalla grande. Antes del Príncipe, ya había coronado con el consentido de Dios, Andrés García, y, dicho por ella misma, jamás sintió prejuicio alguno por intercambiar favores a cambio de… privilegios.

 Yo resalto la vida de Anel sin intención de juzgar, les comparto que leerla en esos años fue para mí un paseo en la montaña rusa de Reino Aventura. Podía reír, hiperventilar, escuchar el crujido en cada giro inesperado y  no sabía si en el siguiente renglón se descarrilaría todo.

Ahí le tomé cariño a Anel. Una mujer que relata los contrastes del lujo y la incertidumbre financiera, el romance de las serenatas y las noches de búsqueda en las cantinas, saberse envidiada y, a la vez, tramar un suicidio posterior a envenenar a sus hijitos. ¡Guau, qué manera de mostrar el desagüe de una vida tan de portada!

Años después, Anel dijo arrepentirse de ese libro, admitió que abrió los cajones de su intimidad por el recochino y muy efectivo dinero. Entonces tuve  una razón más para quererla. Nuevamente Anel era honesta.

  Ya luego de la muerte de José José, la aparición del “testamento de la desidia”  (así le llamo yo), la pelea con su hija Marisol, a quien yo superadoro, pues cayó bastante de mi gracia. Pero quiero pararme en lo más alto de la loma del chisme para exclamar a todo pulmón que este mundo matraca necesita de más Aneles que admitan sus errores y sus victorias, revelen sus pecados y sus penitencias. Que si se pelean con la hija sean petulantes, si recuerdan sus amasiatos sean presuntuosas, que si resultan herederas sean controvertidas.

Ya muy en tono serio, deseo que Marisol pueda acercarse a su mamá y ambas aprovechen el tiempo. Que los pactos sean amorosos y Anel se anime a un segundo libro. Pa’ mí que aún hay mucha tinta en ese tintero. Total, si fue tan sensual y desinhibida como ella misma recuerda, seguro hay todavía muchos signos de exclamación en este teclado esperando a aparecer en mí.

Humilde sinopsis

Si usted no ha leído Volcán apagado y le gusta la chisma en primera persona ¡déselo!, se la va a pasar bomba. Y, de paso, verá cómo los pecadillos propios pasan de puntitas y en tennis frente a la estruendosa confesión escrita de Anel. Que se recupere. Mis sinceros deseos.

Temas: