Joan Sebastian, El poeta del pueblo, ya nos heredó a todos

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

Bienvenidos sean, mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.

Si Joan Sebastian viviera, estaría a dos días de cumplir 75 años. Ahora que lo pienso, el rey del jaripeo se fue muy joven de este mundo. Recuerdo perfectamente ese 13 de julio de 2015: venía saliendo de una consulta cuando sonó el teléfono; eran las cinco de la tarde. Así como estaba, agarramos camino a Morelos. Joan había muerto y mi cumpleaños lo pasé haciendo enlaces sobre la triste noticia.

Lejos estaba de imaginar que, años después, el destino de su nieto menor sería un tema tan cercano a mi sentir. Recuerdo que un año y medio antes del desenlace había salido una nota sobre el noviazgo de Julián

Figueroa e Imelda en una revista; entonces su madre y yo comentamos las fotos. Y ya. Jamás me pasó por la cabeza buscar a la novia de Julián para obtener una mejor nota. La cobertura que nos valió un Emmy ese año se la debo a la familia del cantautor —la no conocida—, quien me dio información única y valiosa sobre los últimos días de Joan Sebastian en esta tierra.

Desde 2015, cada aniversario luctuoso estuvimos ahí. Sólo la pandemia pudo detener el camino a Morelos cada 13 de julio. Si algo guardo en el corazón de esas veces, fue la primera que llegamos al amanecer a la legendaria Juliantla.

“Ese pueblo en la montaña que de luz de sol se baña cada amanecer”. 

Escuché esa canción muchas veces, pero la epifanía visual de ese baño ámbar sobre la colina de casitas encaladas mientras en el auto sonaba: “¡ajuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, Juliantlaaaaaaaa!”, es uno de los momentos que atesoro y agradezco. Joan Sebastian ya no estaba, pero su sensibilidad al calcar con su canción la magia de su terruño define su gran talento.

Cuando los grandes parten, las coberturas no terminan con el funeral. Lamentablemente, los pleitos por las herencias pueden durar tanto o más que las carreras de los difuntos, y vaya que la de Joan Sebastian ha acaparado portadas sin que hasta ahora se defina la repartición. Pero una cosa sí está fuera de discusión y es el legado. Aunque Joan significa millones y millones de dólares en regalías, es su don único para expresar lo que sentimos —y hacerlo como si se tratara de cada uno de nosotros— lo que lo vuelve perenne.

A dos días de que el poeta del pueblo hubiera cumplido 75 años, lamento su breve paso por la vida y celebro, como su fan, las canciones que sin sucesión, sin abogados y sin porcentajes nos heredó en vida.

Gracias, Joan Sebastian.