De los cuerpos ajenos no se habla (pero todos comparamos)
¿Realmente hemos aprendido a no juzgar?

Addis Tuñón
El fama-sutra
Bienvenidos, mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los artistas en todas las posiciones.
Este antro de las vanidades que conocemos como espectáculo es una báscula y cinta métrica inmisericordes. Les llamamos artistas, pero la realidad es que no todos ni todas están en esto por su talento. O, por lo menos, no sólo es su talento. Las portadas de las revistas casi siempre las protagoniza la belleza, ¿y qué es la belleza? Admitámoslo: estereotipo.
Aquí no somos correctos, somos neta; y, pese a que desde hace 15 años (más o menos) el llamado Body Positive tomó fuerza —y aunque desde hace tiempo hemos ido aprendiendo que “de los cuerpos ajenos no se habla”—, la realidad es que seguimos comparándonos y comparando.
Esta semana estuve fuera de circulación, mi niño pequeño me mantuvo alerta en las noches y temerosa todo el tiempo. Los contagios antes de la pandemia eran un tema lejano, los contagios ahora con mis hijos son mi miedo y mi realidad.
El peligro pasó. Desde este alivio les quiero compartir dos cosas. La primera: mis jefes me protegieron de mí misma. El protocolo de salud se activó y, por tanto, yo no pude “apersonarme” hasta que la carga viral se extinguiera. Gracias infinitas. Tuve que hacer una pausa laboral para cuidar, pero las ideas de ésta que les escribe son poquis tantis obsesivas.
Ahora les comparto la segunda cosa: ¿Saben en qué ocupaba mi mente cuando por fin lograba bajar la temperatura de mis niños? En criticarme.
¿Cómo podrían regresarme mis brazos torneados de hace 15 años? ¿Cuántos días necesito para viajar a China a que me estiren los cachetes y pueda regresar al trabajo? ¿Qué le pasó a Gomita para no hacerlo? ¿Quién es el doctor del ABC que hace esa misma cirugía, pero cobra el doble? ¿Dolerá la quebrada de costillas que se hizo Wendy Guevara? ¿Y si uso el mentado Mounjaro? ¿Qué fregados hizo Demi Moore y cuánto habrá pagado? ¿Qué le pasó a mi cintura de 2013? ¿Quién me ha robado el mes de abril?
¿Recuerdan la premisa que tomó fuerza después del encierro de 2020? La llamada regla de los tres segundos: que si ves algo en alguien que no pueda solucionar de su apariencia en tres segundos (como una mancha en la cara, basurita en el cabello o frijolazo en el diente), mejor no le digas nada. Amo esa regla. Se la enseño a mis hijos para que no hagan bullying. Ese respeto a la batalla de cada quien me conmueve, pero admito que Instagram me arrastró al “cementerio de elefantes”, ese lado oscuro y neblinoso donde habita el tío Scar y me lleva a comparar la belleza de Cazzu contra el físico de Ángela Aguilar, los cambios de Eiza González o las malas decisiones de Alejandra Guzmán. Aceptémoslo: definitivamente seguimos criticando.
El Victoria’s Secret Fashion Show 2025 incluyó modelos plus size hermosas. Ahí me encontré; al verlas fabulosas y seguras, dije: “¡Claro!”. Pero pienso también: ¿ser talla M o L es ser plus size? Me temo que la mayoría de las mujeres lo somos. Si a eso sumamos que después de la pandemia la población a nivel mundial subió entre cinco y siete kilos (cifra oficial), ¿no deberíamos ajustar los estándares de lo “estético”?
Bueno, al final de la jornada nadie, sólo cada uno de nosotros sabemos qué inseguridad cubrimos con la ropa, qué quisiéramos mejorar de nuestra apariencia y que, generalmente, esta exigencia interior deja de ser relevante al cerrar Instagram o las revistas donde cada semana hay una famosa en bikini. Creo también que la presión que viven los artistas que aspiran a ser la portada de esas revistas ha de ser extenuante.
La que puede, puede. Mientras ahorro para mi
Mommy Makeover, sigo mi propia regla con la ropa: si estira, quepo. Que tengan una gran semana y, como dijo el gran Juan Gabriel: “Tallas hay muchas, vida ¡sólo una!”.