Bienvenidos sean mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.
Era 1995, sí. Así de buena es mi memoria cuando de escenas cachondas se trata. Como les decía, era 1995, veía una película que hoy por hoy sigue dando de qué hablar. Su título en español: Leyendas de pasión. Brad Pitt era Tristán, un ejemplar salvaje de cabello largo, mirada triste y labios carnosos por quien la protagonista aventó su candor al colchón y su alma al averno, ya que era hermano de su marido. En ese momento éramos dos pecadoras, ella, la concupiscente, y yo, la envidiosa.
De entonces a la fecha he visto a Brad Pitt en todo tipo de papeles: desde el que se hacía joven y empezaba viejito, el que era tonto en una película que pocos entendimos (Quemar después de leer), el loco profético de 12 monos... ¿qué tal cuando ese bombón era la mismísima calaca? ¡Nombre! Todas queríamos darle su desconocida a Joe Black, y la carrera de Brad sumaba millones a su cuenta y corazones rotos a su biografía sentimental. Tardé en perdonar a Angelina cuando le ganó el mandado a Jennifer Aniston; la vida me enseñó que nadie le roba nada a nadie. Y menos si el casado era Brad. Fue así que la pareja que nació en el set de Sr. y Sra. Smith fue validando su historia entre la adopción y la boda. Ni hablar, dos bombas sexuales que conformaron una familia interracial adoptiva-biológica y sostenían activamente diversas causas benéficas alrededor del mundo eran algo así como embajadores naturales de la perfección.
Pero nada es perfecto, y a sólo dos años de oficializar una relación de diez, Angelina acusó a Brad de violentarla a ella y a sus hijos durante un vuelo Francia-Los Ángeles. El divorcio se firmó luego de que la guerra por el viñedo francés se resolviera y hace unos días el actor se vio refeliz con su novia española, Inés de Ramón, con quien lleva poco más de cuatro años.
En este famasutra no hacemos recuentos, porque esos dondequiera. Pero sí conjeturas. Mientras Brad se enamora y desenamora con singular estilo, las mujeres que lo han amado tardan en retomar su vida sentimental. Tanto
Jennifer como Angelina se han tomado el tiempo.
No imagino qué se sentirá que tus hijos renieguen de ti y se quiten tu apellido. Aparentemente Brad no pospone para nada los placeres de la vida y, si esto le cala, lo sabe disimular.
Hace poco se le vio a Pitt y su novia salir de una iglesia en España; se ven tan contentos, tan de revista, que pareciera no darse una tormenta familiar bajo esa playa paradisiaca.
A sus ya 60 y pico de años Brad Pitt sigue siendo todo un bombón. Lamentablemente hay gustitos que causan agruras.
No sé si Inés de Ramón sea la definitiva o termine igual de rota que las anteriores. Pero lo que sí creo es que Brad no está luchando por su legado, el que importa, el de veras; su papel más retador le está quedando grande: el de papá. Porque de los hijos no se divorcia uno jamás, se podrán quitar el apellido, podrán renegar y con razón, pero Brad es su padre. No sé si Inés haya intentado un acercamiento, a lo mejor la empresaria está viviendo su idilio y el pasado de Brad le vale una tonelada de turrón. A fin de cuentas el rol de conciliadora no cualquiera lo asume, sólo almas muy generosas como Aracely Arámbula con Luismi, que se acercó a su hija Michelle sólo después de que Ara lo confrontara con su apatía.
Por cierto, ser sorora no te garantiza que otras lo sean; Aracely influyó en que El Sol se acercara a la hija que negó por años, pero Paloma, actual novia de Micky, no movió ni una uña de acrílico en favor de los hijos de su comadre, porque, le incomode o no, esta palomita se está merendando al compadre. Claro, tanto Brad como Luismi tienen su libre albedrío; los escrúpulos no sólo aplican a ellas.
