La idea de Alan Estrada sostenida por la magia de Gou hace de Hoy no me puedo levantar. 20 años después una celebración arriba y abajo del escenario.
Bienvenidos sean mis sensuales fama lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.
Si he tenido un sueño guajiro alguna vez, fue como a los ocho años. Mamá no tenía dinero para inscribirnos en esos campamentos agringados a los que mis conocidos iban en vacaciones largas, lo que significaba muchas horas de aburrimiento siguiendo el caminito de hormigueros y esperar las telenovelas de las 4 p. m. luego de la caricatura esa que era peor que un melodrama, la de Remi. ¿La recuerdan?
Tun, tun, tun, tun, caminar…
tun, tun, tun, tun, a correr…
tun, tun, tun, tun, caminar
juntos por el camino…
Vi, sin exagerar, unas cinco veces la tragedia de Corazón Valiente (el changuito que muere en plena escena actoral para recabar dinero) y pues esa búsqueda de la mamá de Remi a mí me llevaba a mis días de esperarla llegar de su trabajo, cuya prestación ese año agregó cursos de verano a los hijos.
Fue por las telenovelas y la historia de Remi que preferí, siendo ñanga y en lugar de básquet o danza, elegir el taller de teatro. La culminación era una puesta en escena para los trabajadores y, para sintetizar, les cuento que, en plena función, el árbol que elaboramos entre todos como única escenografía se desplomó sin más. En ese momento, que recuerdo con efecto de cámara lenta, mis compañeros y yo nos graduamos verdaderamente al improvisar para un público en su mayoría familia los motivos del incidente. Fue tanta la adrenalina y el aplauso bien ganado que ese día me juré: un día yo estaría en un escenario, uno de a de veras.
Pasaron unos 10 años como para saberme del otro lado del espectáculo y la verdad es que ni siquiera lo intenté. Eso sí, el amor al teatro está en mi corazón y siempre agradezco presenciar un estreno.
Este viernes el productor Alex Gou nos invitó a ver el pre de Hoy no me puedo levantar. 20 años después. Nos habían adelantado que no sería la obra como tal. Llegué apenitas para la fila de las micheladas con ajonjolí; en la fila mis compañeros de DPM, Lalo, Eri y Laura Flores, ya estaban sentados.
Sabíamos que Luis Gerardo Méndez, Fernanda Castillo, Alan Estrada, El Chakas y todo el elenco inicial del musical en México regresaban, pero... ¿cómo? La respuesta fue apabullante.
Dicen que 20 años no es nada. Para quienes estuvimos en el estreno y para quienes en ese momento iniciaban sus carreras con un proyecto que les cambiaría las vidas, esta función fue memorable. En efecto, no es la obra: son las remembranzas de esos tiempos. Los que eran debutantes, ahora siendo las estrellas que son, nos abrieron el corazón. Así como lo digo, en doble intención: ellos abrieron su corazón y abrieron también el nuestro con la trastienda de su respectiva historia de éxito.
Estar en el mismo teatro 20 años después era como esa cita del 7 de septiembre, un aniversario improbable de celebrar, pero ahí estábamos. No sólo ellos, también quienes vivimos ese estreno.
Los actores nos hicieron sentir parte del milagro y uno a uno nos fueron compartiendo cómo fue el inicio de Hoy no me puedo levantar. Alan Estrada nos estrujó con la canción que interpretó en el casting ante Nacho Cano. Fernanda Castillo fue una visión: ella de blanco, nosotros en la luna. Luis Gerardo Méndez sabe perfectamente cómo ser entrañable y extrañable en su papel de Colate.
Con Chakas, el personaje más cómico del musical, ocurrió algo muy conmovedor: él soñaba con ser actor desde niño y, en un momento inesperado para mí, aparece su niño interior y le hace una broma que nos hace reír y querer llorar.
Al niño que yo vi es a Pato, Patricio Gómez. Aunque está muy chiquito, baila maravilloso y ya tiene currículum en el medio. Lo reconocí por su papel de Nigel en la primera temporada de Matilda, junto a Lara Campos, y fue uno de los muchos aciertos de Alex Gou: generar el espacio para que talentos como el de Pato Gómez broten y saquen chispas.
Hoy no me puedo levantar, 20 años después no es la obra; es una celebración en la que todos agradecemos haberlo vivido y seguir vivos. Es, pues, la música de Mecano, el relato de los ahora actores de renombre y la gratitud de poder acompañarles.
La recomiendo sin pizca de reservas. Porque, a diferencia de nuestro cuerpo mosquetero, el corazón y sus recuerdos sí son el mismo, 20 años después.
