Summit EU-China… y México viendo de reojo

Abel Mejía Cosenza

Abel Mejía Cosenza

Trompe L'Oeil.

La visita de Donald Trump a China no puede medirse sólo por los apretones de manos ni por la fotografía protocolaria con Xi Jinping. En realidad, debe leerse como una reunión entre dos economías que, aun cuando compiten ferozmente, siguen sosteniendo buena parte del comercio, la producción y la estabilidad financiera del mundo.

Estados Unidos es una economía de alrededor de 30 billones de dólares; China, de casi 19 billones. Juntas representan aproximadamente cuatro de cada diez dólares producidos en el planeta. Pero el dato más revelador no está en el tamaño de sus economías, sino en la forma en que, a pesar de esfuerzos expresos para irse separando, no han podido realmente soltarse y, al contrario, probablemente se seguirán encontrando en cada esquina. En 2025, el déficit comercial de EU con China cayó a 202 mil millones de dólares. Las exportaciones estadunidenses hacia China bajaron a 106 mil millones, mientras que las importaciones desde China se redujeron a 308 mil millones. La cifra sigue siendo enorme, pero ya no cuenta la misma historia que hace diez años. China dejó de ser, para Washington, únicamente la gran fábrica barata del mundo; ahora es también el competidor tecnológico, industrial y estratégico que EU busca contener y controlar. 

La paradoja es que, para nuestro bien, ese mismo proceso abrió espacio para México. En 2025, el país se consolidó como el principal socio comercial de EU en bienes, por encima de Canadá y China, con un intercambio cercano a 873 mil millones de dólares. Las exportaciones mexicanas hacia EU rondaron los 535 mil millones, frente a importaciones estadunidenses hacia México por unos 338 mil millones. Es decir, mientras Washington buscaba reducir su exposición directa a China, aumentó —sin querer queriendo— su dependencia productiva de México. Esto explica por qué la reunión Trump-Xi importa tanto para nuestro país, aunque México no esté sentado en la mesa y sólo pueda mirar de reojo sin realmente tener ni voz ni voto. Cada punto de tensión o distensión entre Washington y Pekín modifica en positivo el valor estratégico de la manufactura mexicana. Si la rivalidad se intensifica, México gana atractivo como plataforma de nearshoring y socio comercial estratégico. Si se relaja demasiado, algunas decisiones de inversión podrían volver a mirar hacia Asia y nuestro leverage hacia EU puede verse disminuido. 

México está frente a un fuerte dilema.  Por un lado, necesita, sí o sí, a EU como mercado y fuente de inversiones y, por ende, es muy vulnerable a las presiones estadunidenses que buscan limitar la huella económica china en el país, especialmente en infraestructura, logística, tecnología y manufactura sensible. Pero, por otro lado, México también necesita insumos, tecnología e inversión de China para atender eficientemente al mercado americano. Así las cosas, por más que lo pudieran desear nuestros socios del norte, una ruptura simple con China no es realista. 

El sector automotriz muestra esa complejidad. Por ejemplo, muchas de las exportaciones avanzadas mexicanas hacia EU llevan una serie de componentes chinos. Igualmente, una parte importante de los vehículos importados desde China a México no corresponde necesariamente a marcas chinas, sino a automóviles fabricados en China por empresas occidentales. En el caso de General Motors, por ejemplo, sus importaciones desde China hacia México pasaron de 82 vehículos en 2005 a más de 126 mil en 2025, de acuerdo con el análisis citado. 

Por eso, la discusión no es simplemente “China sí” o “China no”. Es qué tipo de integración quiere construir México. Una estrategia pasiva nos dejaría atrapados entre dos gigantes: presionados por Washington, atraídos gravitacionalmente por Pekín y sin una política industrial propia. Una estrategia inteligente tendría que distinguir entre inversión productiva, dependencia crítica, triangulación comercial y sectores de seguridad nacional. La revisión del T-MEC en 2026 será el mecanismo donde esa tensión quizá se vuelva concreta y donde México busque convertir la rivalidad China-EU en oportunidad para subir de nivel productivo, no sólo para ensamblar más.

P’AL GORDITO

En Querétaro, hay que ir a la Taberna El Quillo y pedir la Sopa de Lentejas y el Fideua a la Marinera.