IFE e IFAI: la amenaza

Más allá de topes de campaña, de partidos y de políticos favorecidos o crucificados, de perezosos o de berrinches, los dos institutos que deberían ser pilares de la democracia el IFE y el IFAI han entrado a un tobogán peligroso y dañino: al primero ya se le perdió ...

Más allá de topes de campaña, de partidos y de políticos favorecidos o crucificados, de perezosos o de berrinches, los dos institutos que deberían ser pilares de la democracia —el IFE y el IFAI— han entrado a un tobogán peligroso y dañino: al primero ya se le perdió la confianza y, al segundo, lo quiere cooptar y someter la partidocracia.

El fondo es más que preocupante: un IFE carente de confianza, bajo la percepción de que ha sido doblado por intereses partidistas y cuyo presidente —Leonardo Valdés— se ha vuelto factor de parcialidad y de escepticismo; y un IFAI perfilado a ser controlado más por políticos que por sus comisionados, nos llevan a un horizonte de claro retroceso democrático.

Uno cuenta los votos. El otro es garante de la transparencia. Y hoy, ambos, son vistos con recelo.

IFE. Si los números comprueban que Peña Nieto no rebasó los topes de campaña presidencial y López Obrador sí, eso lo tendrá que demostrar la Unidad de Fiscalización del IFE. Aclarando presupuestos netos utilizados directamente por los partidos, prorrateados o como sea, pero deberá haber precisión en las cifras. Sin embargo, el árbitro electoral enfrenta un momento crítico: ha caído en una crisis de credibilidad que lo lleva a un escenario de poca confiabilidad. Y eso es veneno para la democracia.

La actuación tibia —por decir lo menos— de Valdés. El desempeño oficialista de algunos consejeros. La genuflexión con reverencia al poder. Todo ello integra un coctel peligroso y de alto riesgo: un IFE desprestigiado sería el tiro de gracia a nuestra incipiente —y hoy amenazada— democracia electoral.

El priista Sergio García Ramírez renunció como consejero. ¿Y? El daño ya lo hizo.

“Los tienen maiceados (a los consejeros electorales)”, acusa AMLO. El problema no son sus palabras. El conflicto real es que millones de mexicanos así lo creen. Y ello traerá consecuencias políticas. Ya lo estamos viendo con un pacto nacional abollado y, si nos apuramos, agonizante.

“El IFE está degradado… no compartimos su resolución respecto al Monexgate, pues se exoneró al PRI y, en cambio, al PRD le aplicaron criterios diferenciados”, aseguró el presidente amarillo, Jesús Zambrano.

“Día a día se enrarece el ambiente político”, advierte el presidente del PAN, Gustavo Madero.

A la suspicacia le sigue la desconfianza y, a ésta, la ruptura y la descomposición política y social. También hay que decirlo: Zambrano y Madero, y el PRD y el PAN, están pagando las consecuencias de sus apresuramientos innecesarios, de su falta de análisis y de reflexión, al decir sí a todo lo que se les ordena. Lacayunos. Que ahora no se quejen.

Y al posponer la discusión de las multas a partidos bajo el argumento de hacer un análisis “más puntual”, el IFE manda el mensaje, más de serenidad, de que actúa en pro de los tiempos políticos para sacar a flote el pacto entre gobierno y opositores.

Cierto: se extraña la estatura moral, la ética y la imparcialidad de José Woldenberg en el IFE, ese instituto que generó esperanza y que, hoy, ha sido vulnerado por los intereses personales y las mezquindades políticas. Ni sombra de aquel IFE. El de hoy es una caricatura grotesca. Y nada más.

IFAI. La advertencia hecha pública no es poca cosa y debe encender las luces de alerta: el PRI en el Senado pretende nombrar a nuevos comisionados en el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), bajo el pretexto de que los priistas andan “inquietos y preocupados” por los conflictos internos en el instituto tras la elección de Gerardo Laveaga como presidente, según afirmó el coordinador del priismo, Emilio Gamboa Patrón.

Lo peor que pudiera ocurrirle al IFAI —sí: algo más grave que el enquistamiento lamentable de su nuevo presidente y la amenaza implícita que conlleva a la propia transparencia la oscura actuación de comisionados como Sigrid Artz— sería que fuera un instituto manipulado. Significaría la puntilla a la de por sí cuestionada labor del instituto.

Jacqueline Peschard —ex consejera del IFE en tiempos de Woldenberg, mujer demócrata y confiable— quiso darle un sello más eficaz y sólido al IFAI como comisionada presidenta, pero los poderes Ejecutivo y Legislativo jamás lo permitieron. Quieren al IFAI sin dientes, acotado.

Al IFAI lo pretenden manejar como si fuera una comisión más del Senado o una dependencia al servicio del gobierno en turno.

En estos Archivos lo hemos dicho: en Rusia, la perestroika (cambio político) fue derrotada por el fracaso de la glasnost (transparencia). Sin transparencia, volveremos a los tiempos de la dictadura política. De ese tamaño es el riesgo.

El IFE y el IFAI deberían ser piedras angulares que apuntalen la democracia mexicana.

Hoy, ambos se tambalean.

                Twitter: @_martinmoreno

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