Ahí viene el lobo: Morena

Hace unos días inició el proceso de constitución del Movimiento Regeneración Nacional Morena como partido político nacional, mismo que durará poco más de un año en lo que se cubren todos los requisitos ante la autoridad electoral federal. No cabe la menor duda de ...

Hace unos días inició el proceso de constitución del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) como partido político nacional, mismo que durará poco más de un año en lo que se cubren todos los requisitos ante la autoridad electoral federal.

No cabe la menor duda de que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su movimiento lograrán sin problemas constituirse como fuerza política nacional, toda vez que cuenta con una estructura de apoyo en todo el país, que le permitirá cubrir suficientemente los requisitos que marca la ley.

Una vez que Morena se convierta en partido político queda la interrogante de qué pasará con las fuerzas políticas de la izquierda mexicana —particularmente con el PRD— y quién tendrá el liderazgo y capacidades necesarias para alinear los intereses de sus distintos sectores.

Es de una tremenda ingenuidad quienes creen que por el hecho de que AMLO haya perdido en dos ocasiones consecutivas la contienda presidencial eso lo opaque o anule para volver a ser una opción real y fuerte para 2018. Igualmente quienes piensan que este personaje no trazó perfectamente su estrategia e hizo los cálculos al “renunciar” al PRD y aventurarse a formar su propio partido. 

Hoy en día los partidos de izquierda dependen más de AMLO que él de ellos, pues su poder de negociación radica en las bases populares de apoyo con las que cuenta para los futuros comicios y en el indiscutible liderazgo que, hasta ahora, nadie le disputa.

En ese sentido se equivocan quienes subestiman a AMLO y no quieren entender los peligros que se pueden derivar de su nuevo movimiento si sigue persistiendo el descontento social en más de la mitad de la población que no tiene acceso a empleos y oportunidades que les permitan tener una vida dignidad.

No perdamos de vista que la historia del continente americano está llena de casos similares que han derivado en el peor de los males: el populismo convertido en distintos formatos de dictaduras. Tal como lo señala Mario Vargas Llosa, el populismo ha representado en nuestro continente la mayor fuente de subdesarrollo y empobrecimiento, así como el mayor obstáculo para construir sistemas democráticos sanos.

No son pocos casos ni tampoco del todo lejanos: Argentina, Brasil, República Dominicana, Haití, Nicaragua, Panamá, Cuba y Venezuela, entre otros. Cada uno con sus particularidades, pero todos con un común denominador: descontento social más lideres populistas sumamente hábiles que desprecian la ley y las vías formales de acceso al poder.

El hecho de que México, hasta ahora, se haya salvado de esa epidemia sin duda radica en una mayor fortaleza institucional que la de otras realidades latinoamericanas. Pero eso no nos asegura estar totalmente vacunados del hartazgo que lleva a ese tipo de apoyos populares.

De ahí que el enorme reto que tiene el gobierno del presidente Peña Nieto es demostrar que en esta nueva etapa del PRI las cosas serán distintas a sus 70 años anteriores —que Vargas Llosa acuñó como la dictadura perfecta— y que todas estas expectativas sociales generadas hace unos meses por el hoy presidente, verdaderamente se traducirán en mejoras sustantivas para los más desfavorecidos.

Resulta pertinente traer a la memoria la historia de Venezuela y de su hoy dictador moribundo. El ex teniente coronel Hugo Chávez que en 1989 hizo la intentona de un golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Dos años después sale de la cárcel al recibir el indulto oficial y se dedica a formar una base de apoyo popular hasta que en 1998 logra ganar la presidencia con más de 70% del voto. Tras 14 años en el poder y múltiples trampas y argucias que le han permitido pertrecharse en el cargo, hoy queda claro que la única forma de que Venezuela se pueda librar de Hugo Chávez es a través de su propio cáncer, toda vez que es un dictador más, que llegó para quedarse hasta hundir a su pueblo con fuertes dosis de populismo.

Son precisamente estos ejemplos los que permiten hacer una analogía y sin alarmismo anunciar que en el caso mexicano hay que estar atentos, pues ahí viene el lobo, ahí viene AMLO y su movimiento.

                *Abogado y ex titular de la Fepade

                jlvar.excelsior@gmail.com

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