El falso debate de la mariguana

Durante las elecciones federales que se llevaron a cabo la semana pasada en Estados Unidos, en Washington y Colorado se aprovechó para realizar una consulta popular sobre la legalización de la mariguana, mejor conocida en ese país como cannabis. El resultado de la ...

Durante las elecciones federales que se llevaron a cabo la semana pasada en Estados Unidos, en Washington y Colorado se aprovechó para realizar una consulta popular sobre la legalización de la mariguana, mejor conocida en ese país como cannabis. El resultado de la consulta fue favorable para que esta hierba sea utilizada, no sólo para fines medicinales, sino también recreativos. El tema es polémico y tiene varias aristas, por lo que su discusión se vuelve poco objetiva y es fácil caer en falacias argumentativas, producto de una serie de prejuicios sin evidencia. Veamos:

1. Se dice que la legalización de la mariguana traería un problema de salud pública importante, a lo cual un Estado no puede ceder, ya que constituye la puerta de entrada a otro tipo de drogas denominadas “duras”. A todas luces esto resulta un argumento infundado, ya que nunca se ha podido probar que su consumo genere propensión a incursionar en otro tipo de drogas ni tampoco que haya alguna diferencia con el consumo desproporcionado del alcohol como factor detonante para generar otro tipo de adicciones o males sociales.

Lo que sí se ha podido demostrar es que tanto el alcohol como el tabaco son sustancias lícitas que históricamente han enfrentado cuestionamientos similares, con la diferencia de que se trata de productos no sólo tolerados, sino socialmente aceptados y que tienen un soporte de grupos de influencia importantes —industria, autoridades y el mundo de la publicidad—, con lo cual inclusive se le ha encontrado su cara amable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que el tabaquismo genera alrededor de seis millones de muertes por año y representa la segunda causa de mortandad a nivel mundial. Por su parte, el alcohol es el causante de más de 50% de los accidentes automovilísticos y representa la primera causa de mortandad de esos accidentes.

2. Se sostiene que el Estado no puede ceder a la legalización porque implicaría volver lícito lo que hoy es ilícito y que ha generado un enorme daño para la sociedad, como es la violencia del narcotráfico. Lo que se considera lícito o ilícito en un sistema legal es producto de una convención social que generalmente se pacta entre las élites del poder, de tal forma que lo que ayer era ilícito hoy puede volverse lícito con toda normalidad. Así, por ejemplo, hasta hace unos años era perfectamente lícito cazar o capturar a algún animal salvaje o exótico, mientras que hoy está altamente penado. Sin embargo, el efecto de la violencia de la industria es producto de la clandestinidad en la que se maneja y los inigualables niveles de ganancia, así como el alto nivel de corrupción que genera. Por lo mismo, darle un cauce formal a la actividad acabaría con el principal efecto de la ilegalidad que es la generación de violencia.

3. Se dice que legalizarla es tanto como que el Estado fomente su consumo, lo cual implicaría propiciar generaciones de niños o jóvenes adictos. Evidentemente es responsabilidad del Estado velar por aquellos que son menores de edad o incapaces y que todavía no cuentan con la plenitud de sus derechos, por lo cual debe existir un régimen de protección para la venta, distribución, consumo y posesión de determinados productos. Pero no es nada distinto a las mismas políticas que son necesarias para regular otros productos que se consideran también nocivos para el desarrollo infantil o juvenil, como por ejemplo los alimenticios, que hoy se considera que contribuyen a la obesidad infantil.

4. Finalmente, se ha dicho que la legalización de la hierba implica fortalecer a las organizaciones delictivas encargadas de la producción y el trasiego de ésta y otras drogas. Todo lo contrario, existen múltiples estudios económicos que revelan que al legalizar la droga se elimina el monopolio de determinados grupos sobre su producto, con lo cual se genera competencia y automáticamente su precio se ajusta a la oferta y la demanda del mercado. También eso permite que exista un control del Estado sobre la calidad de la producción y el consumidor adquiera derechos que hoy no tiene. 

En 1859 John Stuart Mill señaló que cuando la conducta de una persona afecta el interés general, la sociedad tiene la potestad de sancionar dichos actos; en cambio, no existe esa legitimidad y debe imperar el respeto cuando la conducta de una persona no afecta otro interés más que el propio. En una sociedad madura y abierta, el escenario de la legalización de la mariguana implica aceptar que los beneficios o perjuicios de su consumo debieran ser exclusivamente para aquellos que deciden libremente consumirla, toda vez que su satanización lo único que genera es un mayor consumo sin control del Estado.

        *Abogado y ex titular de la FEPADE

            jlvar.excelsior@gmail.com

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