Wilson: gran renovador de la escena
Hace poco más de 36 años Robert Wilson y Philip Glass decidieron trabajar juntos en una ópera, en colaboración con Lucinda Childs. Quisieron que partiera de un personaje de gran peso en la historia. Se habló de Charles Chaplin y de Hitler. Estuvieron de acuerdo con que ...
Hace poco más de 36 años Robert Wilson y Philip Glass decidieron trabajar juntos en una ópera, en colaboración con Lucinda Childs. Quisieron que partiera de un personaje de gran peso en la historia. Se habló de Charles Chaplin y de Hitler. Estuvieron de acuerdo con que fuera Albert Einstein, el hombre que cambió el paradigma de la concepción humana del tiempo, del conocimiento de la física, un pacifista que, en una paradoja, aportó las bases para la detonación de la bomba atómica. Einstein on the Beach se estrenó en Aviñón, en 1976, luego de enormes dificultades para conseguir recursos. Los productores temían un costoso rechazo del público. Tuvo una gira por Europa y llegó a la Metropolitan Opera House. En 1984 abrió una temporada en la Brooklyn Academy of Music, a la que siguió un periplo que abarcó de nuevo Europa y se extendió a Japón. A principios de 2012 Einstein on the Beach inició una tercera gira mundial, que ha incluido a México, único país visitado en Latinoamérica. Pudo experimentarse en Bellas Artes el sábado y domingo pasados, en funciones dobles. Hay obras que ven pocos, pero inciden en la imaginación de multitudes.
¿Qué define al teatro? ¿Es necesario un texto? ¿Es imprescindible la presencia del actor, el encuentro con el espectador? Wilson planteó desde los años 70 desafíos que hoy se toman por novedosos. Einstein on the Beach no está estructurado a partir del texto. Las palabras no se ilustran, no dan luz sobre la causalidad de una historia. Los párrafos de Mr. Samuel Johnson, Lucinda Childs y, en especial, de Christopher Knowles, tienen una lógica por complejo fuera de lo convencional. En la repetición encuentran su singular musicalidad. Producen emociones, sensaciones, imágenes, risas, perplejidad. Si bien están las alusiones a Einstein, la bomba atómica, el tiempo, el paso de la tecnología del tren a las naves espaciales, no se asume la intención de aleccionarnos sobre la biografía del genio. Las presencias humanas en el escenario van de la alusión a personajes, a miembros de un cuerpo de ballet o bien simplemente operadores. Hay momentos en los que la intensidad de lo que ocurre no depende de la presencia humana, porque en el escenario sólo vemos el transcurso de un fenómeno lumínico. La ópera sucede sin intermedio y se advierte que los espectadores pueden entrar y salir a su arbitrio. La escena podría quedar completamente desprovista de público, sin que eso la detuviera. Si bien están presentes aquí las palabras, la actoralidad, la relación de la escena con el espectador, se pone en crisis la función de cada cual, se juega son su ausencia.
Einstein on the Beach experimenta con la repetición y con el tiempo, pone a prueba la atención, la paciencia, la capacidad contemplativa de la audiencia. Un bloque de movimientos en la coreografía, un compás puede repetirse con variaciones mínimas por 20, 25 minutos. No complace al espectador en su necesidad de cambios y grandes contrastes. Hay quienes no lo resisten y se van, y quienes encuentran en ello otras posibilidades de percibir, de estar frente a un escenario. Para encontrarle sentido quizá hay que dejar de pedirle que lo tenga, no esperar nada. Dejar que ocurra. El signo en el conjunto es el cuidado de la limpieza visual, al límite del preciosismo. En las coreografías, el movimiento además de repetirse, involucra una concentración en detalles: el gesto, las manos. A decir de bailarines se trata de un trabajo en apariencia simple, que exige una concentración y un nivel de complejidad superlativo. Y, en una paradoja, si algo no conserva en el conjunto el sello de la de innovación, esto sería la coreografía.
Einstein on the Beach es un trabajo transdisciplinario, un lenguaje fraguado desde su fundamento con los saberes de la danza, las artes visuales, la teatralidad, la música, en una conjugación que se ha mantenido provocadora al paso de las décadas. En la historia del teatro hay grandes hacedores que, por caminos inaugurados por otros, logran trabajos de calidad. Y los hay que marcan un cambio profundo en los parámetros de la disciplina que practican. Son seres que perciben de otra manera y logran hacer un lenguaje para esa extraordinaria percepción. El arte de la escena tiene un antes y un después de Robert Wilson. Einstein on the Beach se cuenta entre las más importantes puestas en escena en la segunda mitad del siglo XX.
