F.O.M. y la pasión

Una mañana de agosto, querido FOM, leí en un diario un editorial escrito por Federico Reyes Heroles sobre un tal Fernando Ortiz Monasterio, que había estado en una reunión de intelectuales, escritores y demás, hablando de “la gente bonita”. Leí los elogios de ...

Una mañana de agosto, querido FOM, leí en un diario un editorial escrito por Federico Reyes Heroles sobre un tal Fernando Ortiz Monasterio, que había estado en una reunión de intelectuales, escritores y demás, hablando de “la gente bonita”. Leí los elogios de Reyes Heroles, pero pensé que los editoriales como ése se hacen a quien ya ha muerto.

Temeroso me comuniqué a tu casa y Marion, la única, asistente, administradora, amanuense, me respondió: “FOM está aquí, y está bien”. Fui a tu casa allá en San Ángel, te llevé unos ejemplares de la Revista de la Facultad de Medicina (FACMED) y te encontré impecablemente vestido como siempre, erguido como un ciprés,  conversamos como tantas veces, despreocupados y tranquilos y te pedí que redactaras un editorial para el número de noviembre de la revista, con una sonrisa dijiste que sí, pero que tú elegirías el tema, “quiero hablar sobre la pasión, sobre la pasión del cirujano”.

El texto llegó, la revista fue impresa y hace unos días te llevé unos ejemplares, encontré a Marion y le dije: “El editorial de este número es de lujo, le va a gustar a FOM, sé que está descansando, luego nos pondremos de acuerdo para comer”.

Y ya no pudimos comer, estimado FOM, ya no estás aquí y el que tu texto en la revista FACMED sea lo último que redactaste me deja un sentimiento difícil de explicar, mezcla de tristeza por tu partida y de alegría porque escribiste sobre lo que siempre he considerado el sentimiento fundamental de individuos excepcionales como tú: la pasión.

Tú sabes lo que has sido para mí, como médico, como cirujano, como filósofo, como un bon vivant, viajero, deportista, amante de la belleza en todas sus formas y sobre todo buen amigo, que vive cada minuto con pasión.

Alguna vez que conversamos varios amigos después de una de las múltiples conferencias que dictaste, con esa voz ronca y sonora que hacía énfasis en las consonantes como masticándolas, yo dije que eras un hombre del Renacimiento, siempre actual y siempre explorando nuevos mundos, pudiste haber nacido en tiempos de Vesalio, de Miguel Ángel, de Dante o de Petrarca, porque como ellos tenías amor hacia todo: la medicina, la cirugía, el arte, los libros —tu biblioteca es la más hermosa que conozco—, el tenis, el esquí, la buena mesa y tantas cosas más.

Y ahora puedo comentar que esa pasión con la que viviste todos tus años, al lado de Leonor Pollito y de tus ocho hijos, es la misma que te hizo trabajar incansablemente en el viejo Hospital General de México para crear el Servicio de Cirugía Plástica y Reconstructiva a pesar de las reticencias del director, Mariano Vázquez, es la que te llevó a transformar la Clínica del Hospital Dr. Manuel Gea González en el mejor centro de cirugía reconstructiva de Latinoamérica.

Pasión, pasión, pasión, querido FOM, la que te hizo diseñar técnicas novedosísimas con Paul Tessier, para reconstruir desde labios leporinos hasta cráneos deformes y caras monstruosas, y esa pasión te hizo llevar a tus cirujanos por todos los rincones del país para que devolvieran la sonrisa a miles de niños en aquellas inolvidables jornadas quirúrgicas.

Gracias por todo lo que nos diste, estimado FOM, tu ejemplo seguirá vivo en los cientos de especialistas que formaste, en los incontables textos, artículos y libros, pero además tu recuerdo estará en la mente de los miles de individuos de todas las edades a quienes les cambiaste la vida. Gracias, FOM, por tu pasión.

        *Médico y escritor

        Raalvare2009@hotmail.com  

        www.bienydebuenas.com.mx  

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