La burbuja (financiera y política) del shale

El gas emite menos CO2 que el petróleo o el carbón, la producción y las reservas crecen y los precios bajan.

El shale (gas de esquisto, no convencional) pasó de 1% a 30% en la producción de gas de EU en la última década. Llueven las buenas noticias: Santiago Carcar anunció en 2010 una “revolución a todo gas”. John Deutch divulgó en 2011 The Good News About Gas: perspectivas económicas favorables y una alteración de la geopolítica energética global. Y Daniel Yergin afirmó que la extracción de shale (“la mayor innovación energética del siglo XXI”) está redefiniendo la seguridad energética.

El gas emite menos CO2 que el petróleo o el carbón, la producción y las reservas crecen y los precios bajan. La tecnología del fracking, consistente en romper el lecho rocoso para “liberar el tesoro”, proporcionará a EU su anhelada independencia energética. El shale permitirá superar sin problemas el Peak Oil, enfrentar el cambio climático (con una energía relativamente limpia) y liberar a Europa de las garras energéticas rusas, por no hablar de los cientos de miles de empleos que generará. El shale es el nuevo “El Dorado” de la energía.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. La “liberación” de gas mediante fracking está contaminando mantos acuíferos, reportan científicos en Proceedings of the National Academy of Sciences. El fracking involucra hasta 353 compuestos químicos que tienen graves efectos en la salud humana, informa la Central de Alteraciones Endócrinas de EU.

Un pozo promedio de shale en Texas produce una cantidad 200 veces inferior a lo producido por un pozo promedio de gas convencional en Rusia. No son yacimientos, son pequeñas “bolsas” atrapadas entre las rocas, lo que obliga a una perforación constante de nuevos pozos para mantener el nivel de producción de los campos.

En EU la producción creció e inundó el mercado ante una demanda estancada (por la parálisis económica y porque hace falta mucho tiempo para sustituir las funciones del petróleo con gas), lo que llevó a una caída histórica de precios. Aunque esto se presentó como una buena noticia, los bajos precios ni siquiera permiten cubrir los costos de extracción.

Por la naturaleza del shale las empresas están condenadas a una inversión constante en nuevas perforaciones. Wall Street (que tras el crash de 2008 ha buscado donde inflar nuevas burbujas) financia las perforaciones e impulsa una campaña global con vendedores de ilusiones que cantan alabanzas a la revolución del shale, aumentando la calificación financiera de las reservas. Aunque los operadores no cubren sus costos, sus acciones van a la alza, atrayendo a las grandes corporaciones energéticas necesitadas de reservas. No importa que sean reservas no convencionales con costos de extracción elevados: en el mercado internacional (no así en el mercado estadunidense) el precio del gas está indexado al del petróleo y las reservas adquiridas se suman a las convencionales. Los tiempos no están para sutilezas.

Con acciones a la alza y costos de extracción que no dejan respirar, las empresas de shale (como un ratón corriendo en una banda móvil) pueden acceder a financiación fuera de balance (sus niveles crecientes de endeudamiento no se reflejan en sus operaciones contables), pero quedan enganchadas a mantener unos objetivos de producción establecidos por sus financiadores (aunque esto derrumbe los precios), perpetuando el ciclo de endeudamiento, inversión, nuevas perforaciones, pozos agotados rápidamente y nuevo endeudamiento para mantenerse a flote.

¿Le suena conocida esta historia? El “éxito” del shale gas es una burbuja financiera mantenida por la propaganda política de una supuesta revolución energética. Que nadie se sorprenda cuando estalle.

* Profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales. Universidad Anáhuac México Norte.

forointernacional@anahuac.mx

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