Obama, una vez más
La jornada electoral estadunidense pasó con la tranquilidad habitual, un poco con el desgano propio del ciudadano estadunidense que en muy extrañas ocasiones se precipita sobre las urnas. El resultado, siendo el que muchos esperábamos y muchos vaticinaban, resultó, sin ...
La jornada electoral estadunidense pasó con la tranquilidad habitual, un poco con el desgano propio del ciudadano estadunidense que en muy extrañas ocasiones se precipita sobre las urnas. El resultado, siendo el que muchos esperábamos y muchos vaticinaban, resultó, sin embargo, en cierta forma asombroso. Los pronósticos y los análisis apuntaban hacia un margen mucho más pequeño en el triunfo de Obama. De hecho, el inicio de la jornada y hacia el cierre de las casillas más occidentales, la ventaja favorecía todavía levemente a Romney y, al final del día, el Presidente de Estados Unidos ganó tanto en votos populares como en colegios electorales. Una diferencia importante, 69.702,297 votos populares por la reelección y 52.991,548 votos para Romney; 332 colegios electorales en manos de los demócratas y 206 para los republicanos, no resultó coincidente con el teórico empate, no técnico sino real, que algunos esperaban.
Para Obama no pesó tanto el desempleo ni la dura lucha para la recuperación económica, al contrario, lo favoreció la idea de un proyecto por realizar, el principio de que el programa de cambios y reformas, enfocados a las clases medias y menos favorecidas, no podía quedarse a medio hacer y que despedirlo representaba más riesgos que beneficios. En muchos momentos de la historia, en buena parte de ella, son las ideas y los proyectos lo que mantienen viva la cohesión y el sentimiento de pertenencia en un pueblo. Nada más peligroso para una nación, mucho más que un violento o un apático, es caer en manos de alguien que no sabe para dónde va. Si el Presidente de Estados Unidos no ha dado los espectaculares resultados que prometía la esperanza del aura en su primera elección, ha logrado, en cambio, ofrecer a su pueblo una meta y un camino. Los resultados quedaron a la vista. En alguna parte de Alicia en El País de las Maravillas, Alicia le pregunta al gato risón qué camino debe elegir, el gato, con la lógica propia de su autor, contesta “si no sabes a dónde vas, cualquier camino es bueno”.
El sistema electoral estadunidense es una rara avis, es uno de los pocos que quedan que no considera el voto universal directo, sin embargo, es atractivo por lo práctico y por su identidad con el estilo político de su pueblo. La probabilidad de empate entre ambos candidatos era cierta, pudo haber sucedido. En realidad, sólo se han dado dos casos, en 1801 y en 1825, en esos casos la Cámara baja elige al Presidente y la alta al vicepresidente, en este caso, Romney sería Presidente y el vicepresidente sería demócrata.
Son varias las razones por las cuales la opinión pública mexicana se inclina habitualmente por los candidatos demócratas; y aunque todas las guerras de agresión de Estados Unidos hacia México han sido perpetradas por gobiernos demócratas, las circunstancias nos hacen pensar que un buen entendimiento con Estados Unidos es posible y necesario para ambas naciones, que el proyecto económico de Obama puede fortalecer nuestra propia capacidad de crecimiento si somos lo suficientemente hábiles en el manejo de nuestra relación y de nuestra capacidad de diálogo y, sobre todo, que podemos esperar un tiempo mejor o, al menos, menos malo que el que nos aguardaría con políticas tradicionales, duras que, ya se ve, no están a la altura de la crisis de nuestros tiempos.
*Profesor de la Facultad de Derecho, UNAM
