Jenni Rivera
Aunque a veces en este medio de la farándula sea tan difícil poder lograr una amistad sincera y por encima de todo chisme, con Jenni Rivera lo he logrado. Es una mujer a la que aprecio, pero sobre todo respeto. No es un secreto que hemos tenido diferencias, ella como ...
Aunque a veces en este medio de la farándula sea tan difícil poder lograr una amistad sincera y por encima de todo chisme, con Jenni Rivera lo he logrado. Es una mujer a la que aprecio, pero sobre todo respeto. No es un secreto que hemos tenido diferencias, ella como artista ha sabido entender que en ocasiones mis comentarios son como periodista y no como amigo, no debo perder nunca la credibilidad y la ética y he sido sincero y sin pelos en la lengua cuando la he criticado. Después de los problemas, hoy me doy cuenta que hemos logrado un equilibrio donde ambos ya entendimos que, ante todo, hay una amistad, pero dejando de lado lo profesional, y eso me da mucho gusto. La última ocasión que tuvimos nuestras diferencias fue a través de Twitter, debido a mi comentario de que consideré una exageración que haga un libro y una película de su vida. Primero ella, con toda la razón, se defendió y fue un poco agresiva, pero después reculó y todo se arregló. Les cuento que el fin de semana asistí, como ya es una buena costumbre, a ver el concierto de la Diva de la Banda al Auditorio Nacional. Llegué un poco tarde porque estaba dando funciones del Tenorio en el Blanquita, donde tengo oportunidad de participar, y aprovecho para decirles que este fin de semana seguiremos en el Teatro Blanquita... El caso es que llegué cuando ella estaba acompañada del mariachi, lo hace espectacular, me sorprendió que cantó como ocho temas acústicos, y me gustó, pero obviamente lo suyo es la banda. Fue un gran concierto de casi tres horas, donde no dejó de sorprenderme su calidad vocal, la seguridad en el escenario y, por supuesto, que el divorcio le está sentando muy bien, porque se ve mejor que nunca, muy delgada y guapísima, pese al momento tan doloroso que debe estar pasando. Al término del concierto fui invitado a su camerino y debo confesar que tenía mucha incertidumbre de cómo me iba a recibir. Al entrar la vi y nos abrazamos, ambos dimos por entendido que los pleitos estaban en el pasado y eso, de verdad, me da mucho gusto, porque no es que trate de hacerle la barba ni mucho menos. Déjenme confesarles que Jenni es un mujerón en toda la extensión de la palabra. A pesar de estar pasando momentos tristes en su vida, no se encierra a esconderse de los medios de comunicación, al contrario, sigue con su vida, sus conciertos, cumple con sus presentaciones y de verdad eso es de admirar, porque una vez más muestra que está hecha de roble.
No saben qué gusto me da poder encontrarme con mi querida Paquita la del Barrio. Confieso que a veces resulta complicado platicar con ella, porque es una mujer de pocas palabras, pero le agradezco infinitamente que con este servidor siempre se ha mostrado educada, pero sobre todo con ganas y la disposición de hablar más de lo que ella quisiera. Como sabemos, ha sufrido mucho, su vida no ha sido fácil, esa mujer que parece tan fuerte y ruda sólo lo es en el escenario, porque me queda claro que es la mujer más noble que he conocido. Ha sufrido ante el engaño de quien fuera su esposo, no lo ha superado, lo curioso es que, cuando supo de la infidelidad, jamás le reclamó nada, se guardó el dolor, sólo lloraba sola sin decirle a nadie lo que le provocaba ese llanto, prefirió callar y siguió viviendo con ese hombre hasta que él murió en 2001. Me dio mucho gusto también enterarme de que su restaurante, Casa Paquita, que se ubica en la colonia Guerrero, después de cinco años, ya no está clausurado, aún no lo abre, pero por el momento está en remodelación, aunque promete pronto dar noticias al respecto. También era inevitable cuestionarle sobre el estado de salud de Vicente Fernández, con quien hizo una gira por Estados Unidos. Lamentó lo que está viviendo porque, además, lo considera un gran hombre, que siempre tuvo gestos muy lindos con ella, en cada concierto El Charro de Huentitán acudió a su camerino a saludarla. Un dato muy curioso es que Paquita me contó que Chente solía ponerse detrás de bambalinas y escuchar su concierto, esto no lo hacía con nadie, sólo con ella, lo cual la hace sentirse agradecida.
