Humildad para negociar
Uno de los principales distingos del gobierno del presidente Felipe Calderón durante este sexenio, y de su partido, ha sido el desprecio y la incompetencia demostrada para negociar en el ámbito parlamentario. Más allá de la poca o nula colaboración de las otras dos ...
Uno de los principales distingos del gobierno del presidente Felipe Calderón durante este sexenio, y de su partido, ha sido el desprecio y la incompetencia demostrada para negociar en el ámbito parlamentario. Más allá de la poca o nula colaboración de las otras dos principales fuerzas políticas (PRI y PRD) para discutir y aprobar las iniciativas legislativas pendientes para la transformación del país, la falta de oficio político de los panistas para convencer a sus adversarios políticos fue palmaria, tomando en cuenta que nunca han contado con la mayoría necesaria para imponer su visión y por lo tanto era indispensable la negociación.
Tradicionalmente esa actividad le había correspondido a la Secretaría de Gobernación, a través de la Subsecretaría de Enlace Legislativo. La titularidad solía recaer en un perfil de amplia experiencia en la negociación política y que gozaba de un respeto amplio inclusive con la oposición. Sin embargo, Calderón, a su más fiel estilo de gobernar, ha reservado esta cartera —igual que muchas otras de su gobierno— a un grupo pequeño de incondicionales, sumisos y condicionados a las filias y fobias del círculo presidencial.
Muestra de ello ha sido la falta de tamaño político que sucesivamente hemos presenciado en quien ha recaído la titularidad de la Segob. Cinco secretarios que, ya sea por ineficiencia o falta de experiencia y talento, aunado a las lamentables tragedias ocurridas, simplemente no han figurado en lo absoluto y la verdad poco merecen ocupar un espacio en los portarretratos del Palacio de Cobián. La honrosa excepción del sexenio sin duda fue Fernando Gómez-Mont, abogado y político experimentado que entendió a cabalidad la responsabilidad de Estado que le fue encomendada y se abocó a tender puentes para construir acuerdos políticos con propios y extraños. Sin embargo, ese ímpetu en asumir su rol de conducir la política interior del país con liderazgo fue lo que le ocasionó de inmediato una serie de intrigas palaciegas que motivaron su salida del gabinete.
Todo lo anterior es lo que explica los incipientes resultados de la actual administración en aquellas que fueron sus principales apuestas legislativas del sexenio. Comenzando por la reforma hacendaria que no logró ampliar la base gravable, siguiendo con la reforma energética que no logró dinamizar el sector o la reforma política que no logró abordar temas torales del ejercicio del poder, hasta, finalmente, la actual reforma laboral que está terminando como un rotundo fracaso para Calderón en el estreno de la facultad de la iniciativa preferente.
En todos estos ejemplos no sólo hubo torpeza sino desprecio por el quehacer político, pues nunca se hizo patente la voluntad de sentarse a negociar con la clase política disidente y con los sectores interesados. Por el contrario, se vio en todo momento un dejo de petulancia y autosuficiencia característico de este gobierno, con el pequeño inconveniente de que nunca han contado con las alianzas ni la mayoría parlamentaria necesarias para lograr imponerse.
Ha sido evidente la ineptitud e ignorancia política de Alejandro Poiré durante la discusión de la reforma laboral, al urgir a los legisladores de otros partidos para aprobarla como si se tratara de los viejos tiempos, cuando el titular de la Segob tronaba los dedos y se hacían las cosas a su modo. Cobra entonces sentido el mensaje del líder del PRI en el Senado al decir que a Calderón —y a sus muchachos— les faltó saber negociar.
Esta incapacidad probada para hacer política y arribar a acuerdos es fiel muestra de la falta de humildad del calderonismo para negociar con las distintas fuerzas. Dice Norberto Bobbio que esa humildad es una característica de una virtud mayor que es la templanza, lo cual implica un modo de ser y de cohabitar con quien piensa o vive diferente a nosotros.
Ojalá que el próximo Presidente y su equipo cercano tengan la templanza necesaria para hacer a un lado la soberbia y la petulancia que ha caracterizado la negociación parlamentaria y, en consecuencia, ha estancado acuerdos fundamentales para el desarrollo nacional. Ojalá que a partir del 1 de diciembre se entienda que gobernar un país como México implica sentarse a la mesa con humildad y negociar, inclusive con aquellos que no son gente como uno.
*Abogado y ex titular de la Fepade
