Sindicalismo, hoy

Las imágenes son extraordinariamente elocuentes. Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps, quienes son líderes, respectivamente, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación SNTE y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana STPRM, ...

Las imágenes son extraordinariamente elocuentes. Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps, quienes son líderes, respectivamente, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), saludándose en Quintana Roo durante la reelección de aquélla en la cúpula dirigente, mientras aquél fue reelecto al día siguiente en la Ciudad de México. Fue un happening teatral planeado para dejar en claro, ante todos los mexicanos, el poderío de las dirigencias sindicales.

La lista de los dirigentes sindicales eternizándose en el poder es larga: universitarios (créase o no), telefonistas, burócratas, ferrocarrileros, tranviarios, electricistas, petroleros, maestros, entre otros. Pero queda una duda: ¿qué porcentaje de trabajadores son representados por estos dirigentes? La tasa de sindicalización en nuestro país no rebasa 10% de los trabajadores. Por tanto, el poder de estos líderes no reside en el número de trabajadores a quienes representan, sino en la importancia de la actividad que realizan tanto en la industria (petróleo y electricidad) como en servicios (telefonía, educación, atención al público).

Son estos mismos sectores sindicales los que protestan por la nueva ley laboral que, en realidad, ni les afecta en sus relaciones de trabajo con sus empresas contratantes ni les perjudica en sus prestaciones e ingresos. Y quienes protestan el tema “democrático” dentro de los sindicatos son los dirigentes, y no las bases. Entones, ¿qué está sucediendo realmente?

Suceden por lo menos dos cosas. Por un lado, están los líderes sindicales aprovechando la “bola” en torno a la reforma laboral para negociar posicionamientos en la próxima administración de Peña Nieto, haciendo lo que saben hacer mejor: presionar a las cúpulas políticas movilizando a las bases sociales. El “viejo PRI” está demostrando su vigencia, su pertinencia y su fuerza real. Exige su cuota de poder para, así, coadyuvar en la manutención de la gobernabilidad del sistema político. La foto de maestros y petroleros significa que el sindicalismo, aun representado por sólo 10% de los trabajadores del país, ha regresado al poder y tiene toda la intención de recuperar el terreno perdido.

Por el otro lado, están las bases sindicales. Su interés estriba exclusivamente en mantener sus conquistas salariales y laborales, especialmente el empleo. Todo lo demás es ganancia, en tiempos de crisis. En este sentido, la percepción de las bases sindicales es que está en su interés general el mantener a las dirigencias sindicales tal como se encuentran hoy, especialmente ante el espectro del regreso del PRI. No quieren hacer zozobrar el barco sindical. El conservadurismo permea a la clase trabajadora. Por estas razones, el “debate democrático” dentro del sindicalismo es prácticamente inexistente. En este momento histórico, el motor de las bases sociales dentro del sindicalismo es la economía, y no la política. Ni los líderes ni las bases sindicales (ni muchos legisladores) están pensando en la mayoría de los trabajadores del país (el otro 90%) que labora sin horario fijo, recibe salarios calculados por horas trabajadas y no goza de prestaciones adicionales. De ahí que hablar de “flexibilización laboral” es planteado como algo nefasto para los trabajadores, cuando es simplemente una adecuación de la ley a la realidad misma. La gran mayoría de los mexicanos así trabajan, y no se percibe que tal situación vaya a modificarse en el futuro próximo. Legalizar la flexibilidad laboral con reglas es darle a la gente instrumentos legales para defenderse. En la actualidad, están en la total indefensión.

El coordinador de los senadores del PRD dijo que la reforma laboral fue impuesta por Estados Unidos. En todo caso, es más un producto de la situación interna del país que la externa. Responde al modelo económico mexicano. Se puede discutir el modelo (no el reparto presupuestal, sino el modelo económico) y sus alternativas. Pero ningún partido ha propuesto un modelo distinto, incluidos el PRD y el PT.

La gran interrogante que queda es si Peña Nieto será rehén del viejo PRI o no. 

        *Especialista en análisis político

        ricardopascoe@hotmail.com

            @rpascoep

Temas: