Boleta maldita
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación está por concluir sus labores en relación a las elecciones del primero de julio. Eso quiere decir que ya se han resuelto prácticamente todos los recursos interpuestos para los miles de cargos de elección popular ...
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación está por concluir sus labores en relación a las elecciones del primero de julio. Eso quiere decir que ya se han resuelto prácticamente todos los recursos interpuestos para los miles de cargos de elección popular que estuvieron en juego. Se trató de la jornada electoral en la que hubo el mayor número de cargos en disputa.
Prácticamente en todos los casos quienes resultaron ganadores ya obtuvieron, no sólo el documento legal que así lo acredita, sino sobre todo algún tipo de reconocimiento de sus contendientes. Así, a lo largo y ancho del país, y en todos los niveles de gobierno, se han otorgado constancias, se han integrado grupos de trabajo para los procesos de entrega-recepción, se ha actuado para encauzar el mandato de las urnas. Esto ha ocurrido en casi todos los casos.
Está pendiente la calificación de la elección presidencial en la cual el Tribunal habrá de resolver si los recientes comicios fueron libres, auténticos, si no hubo violaciones graves a los principios constitucionales. Resueltos, tal vez 99% de los cargos en disputa, sin mayores contratiempos, no deja de llamar la atención qué es aquello que pudiera haber ocurrido en el 1% restante que lo haga tan diferente a lo demás, y que genere además expectativas tan distintas. Veamos.
Si atendemos las proclamas públicas, las autoridades electorales locales han resultado del todo confiables. No hay, más allá de unos cuantos casos aislados, señalamientos en su contra. La autoridad federal ha resultado impoluta en cuanto a la elección de diputados y senadores. Sin embargo, hay una boleta que concentra todos los agravios: al decir de las izquierdas la elección de ayuntamientos, congresos locales, gobernadores, diputados y senadores, se llevó a cabo con normalidad; sin embargo, la boleta presidencial es del todo desconfiable.
Difícil de entender ese razonamiento. Es como si esa elección fuera organizada por autoridad distinta, como si los ciudadanos de la casilla se transformaran en cuanto tuvieran frente a sus ojos las boletas presidenciales, como si los propios electores sufrieran una súbita transformación a la hora de cruzar su preferencia en esa boleta maldita. Todas las trapacerías posibles en una sola boleta. Si de por sí se antoja complicada aquella explicación que pretende distinguir los votos “libres, auténticos” de aquellos “coaccionados, espurios”, parece complejo discriminar también las urnas “auténticas” (todas aquellas que no son presidenciales) de las urnas “espurias”. Pero en fin.
El hecho es que las autoridades jurisdiccionales han ido resolviendo conforme a derecho la abrumadora mayoría de los recursos que se le han presentado, los miles de cargos que estuvieron en juego, y el estallido social ha estado ausente. Ahora nos alerta la izquierda: si el Tribunal no resuelve uno de los cargos que estuvo en juego, el mismo día y bajo las mismas circunstancias que los otros miles, conforme ellos entienden que tienen que resolver, puede haber un estallido social. Menudo lío.
Ojalá nos pudieran explicar por qué todas y cada una de las otras elecciones fueron confiables, se condujeron observando a cabalidad los principios constitucionales, y únicamente en la presidencial ocurrieron todas las tragedias.
*Consultor, presidente de Concertar
