España y Europa
- El euro es un elemento básico de unión de los muy distintos países que conforman esa zona, pero que tienen abismales diferencias culturales.
Si ustedes leen los periódicos aún estando en las vacaciones de verano, se darán cuenta de que el asunto de la crisis de deuda europea está lejos de terminarse. Al parecer de muchos sesudos economistas y financieros internacionales, la petición española de cien mil millones de euros, más o menos, para salvaguardar la estabilidad de los bancos españoles es un remedio temporal, ya que estos bancos deberán pagarlos y salir de los malos préstamos, sobre todo hipotecarios, que dieron a diestra y siniestra en ese país y tardarán mucho en recuperarse.
Lo mismo sucede con Grecia que, por un pelito se salvó de la quiebra o, hablando coloquialmente, se quedó en Guatemala, por no caer en “Guatepeor”. Lo que sucede es que una entrega más por parte de los países de la zona del euro que se dará en estos días, va a servir principalmente para no caer en mora y/default, pero poco servirá para aliviar la deteriorada situación laboral y económica de los helénicos. Todavía falta que los habitantes acepten las medidas rígidas y en algunos casos muy penosas y no se rebelen creando una inestabilidad en todo el mundo.
En España la situación tiende a empeorar, según dicho por el mismo gobierno actual, antes de que mejore. Ya hay desconcierto y cierto rechazo, pero, a mi entender, hubiesen ganado los socialistas o los del Partido Popular, el gobierno en turno tenía que acatar las reglas impuestas y recomponer su economía. No hay de otra y va a durar mucho.
Los españoles tienen todavía un lapso de calma, ya que su seguro de desempleo les da un respiro, pero no es permanente. Va a ser importante en estas vacaciones de julio-agosto el comportamiento de los pueblos español, portugués y griego al irse a descansar y, olvidarse de todo. Muy latino, por cierto, pero a ver cómo lo tomarán los teutones y otros países nórdicos que son los que están pagando la factura de esta crisis.
Sin tratar de adivinar el futuro, ni mucho menos, repito que éste es un periodo de relativa calma, tras las elecciones griegas y la petición de ayuda española, pero el fondo del barril de este embrollo (si es que tiene fondo), está por verse.
El euro, como moneda, es un elemento básico de unión de los muy distintos países que conforman esa zona, pero que tienen abismales diferencias culturales de desarrollo económico y, lo siento si lo planteo tan crudamente, de actitudes e idiosincrasias hacia el trabajo que simplemente son opuestas y eso crea un ambiente de desconfianza y recelos que es muy peligroso.
A eso le aunamos los problemas migratorios que les están pegando fuerte a países que se sentían desarrollados y en crecimiento, y a los que, por fuerza y lógica, iban llegando inmigrantes sudamericanos, africanos y de Oriente Medio en busca de oportunidades. Ya es vigente el espectro de un fanatismo racista violento que empieza a mostrar su temible faceta. Los ejemplos abundan, pero la matanza en Noruega y otros actos menores son preocupantes.
En resumen, no dudo que entre los economistas y burócratas de la Comunidad Europea van a salir ideas noveles y creativas para que no se hunda el Viejo Continente y nos arrastre a todos, pero de que va a ser dolorosa la medicina es indudable, y que hay peligro en el panorama a corto y mediano plazo es un hecho. A México, como a todo el mundo, lo va a afectar, igual que la situación en Estados Unidos y Asia. Hay que fortalecer nuestra economía y mejorar la situación de millones de pobres, con empleos y una red básica de bienestar, reduciendo la corrupción y el dispendio innecesarios, después de estas elecciones.
