1 de julio: aduana superada
El balance de la jornada electoral del primero de julio difícilmente puede ser más positivo en cuanto a la actuación de la autoridad electoral se refiere. La calidad logística del IFE nos ofreció la jornada electoral mejor organizada de la historia. Pero, además, ...
El balance de la jornada electoral del primero de julio difícilmente puede ser más positivo en cuanto a la actuación de la autoridad electoral se refiere. La calidad logística del IFE nos ofreció la jornada electoral mejor organizada de la historia. Pero, además, fuimos testigos de cómo es posible reconstruir el guión básico del día de las elecciones: 63% de los electores acudió a las urnas; las casillas fueron vigiladas como nunca por representantes de los partidos; la enorme mayoría de las irregularidades pudieron ser atendidas, y las cifras en torno al desarrollo de la jornada fluyeron sin problemas.
Adicionalmente, diversas casas encuestadoras dieron a conocer el resultado de sus encuestas de salida a las ocho de la noche. Ciertamente la distancia que guardaron esos ejercicios frente a los resultados que arrojó ayer el PREP es significativa, pero fue suficiente para que dos de los contendientes presidenciales reconocieran su derrota. La liturgia elemental de, quien pierde, reconoce, es sin duda una pieza clave para despresurizar los procesos electorales.
Más tarde el consejero presidente del IFE dio a conocer los resultados del conteo rápido (que otra vez coincidieron totalmente con las cifras del PREP y que coincidirán, sin duda, con lo que arrojen los cómputos distritales) e inmediatamente el titular del Ejecutivo lanzó un mensaje a la nación reconociendo los resultados. AMLO, sin embargo, regateó el reconocimiento y ha prometido seguir sus impugnaciones por los cauces legales y no litigar en la calle. El candidato vencedor también dio un mensaje y ha recibido diversas felicitaciones de jefes de Estado.
Bien, me parece que un primer saldo favorable de la elección es que, más allá del ánimo o el desánimo que hayan producido los resultados, el discurso del fraude parece desterrado o, al menos, muy diluido. Ese, creo, es un gran triunfo cultural: volver a confiar en la institucionalidad electoral no es un asunto menor. Por supuesto que las próximas horas conoceremos diversos recursos de impugnación, pero que los litigios se diriman en los cauces legales, y no desde las ocurrencias de las plazas públicas, me parece que es una gran noticia. Los que acusan deberán probar, y todo aquello que proceda será resuelto conforme a derecho.
Un segundo balance positivo es la constatación de que contamos con un electorado muy sofisticado: si revisamos las cifras del PREP, caemos en cuenta de que hay muchos electores que han dejado de cruzar las boletas por una misma opción. Algunos ejemplos: en Puebla gana AMLO, pero Bartlett queda en tercer lugar; en Baja California el Senado lo gana el PAN y el PRI se lleva siete de los ocho diputados federales; en el DF 63% de los electores vota por Mancera, y 52% por AMLO, en fin, que si revisamos con cuidado las preferencias hemos de descubrir que el voto diferenciado si alcanza a definir escenarios.
Me parece que cuando abandonemos el análisis de la boleta presidencial y hagamos el recuento de las otras boletas, lo que veremos es una pluralidad política viva a nivel estatal, un Legislativo sin mayorías, y una actualización de preferencias que supondrá, afortunadamente, la necesaria construcción de acuerdos. Nada se podrá hacer sin el diálogo. Ese es el mandato de las urnas.
*Consultor, presidente de Concertar
Síguenos en Twitter @Excelsior_Mex
No te pierdas: Las más leídas
