El trabajo enajenado
La edad de retiro es algo desgraciada (o afortunadamente tal vez para muchos) e ineludible; es una etapa donde una actitud correcta es básica.
No hay duda de que en la Ciudad de México hay una infinidad de eventos culturales de todo tipo. Basta leer la cartelera de conciertos, teatros y museos para que se ocupen todos los días, sin olvidarse de la comida, los bares y antros.
Pues bien, asistí a una nueva producción de teatro, esta vez a cargo de lo que ya parece ser una dinastía y empresa familiar, liderada por el excelente actor Héctor Bonilla y sus parientes (supongo hijos o incluso nietos). La obra se llama Almacenados y la pasan en el Foro Shakespeare, en la Condesa, dos días a la semana y creo que por una corta temporada. El guión y los dos actores, ambos Bonilla, dan un buen ejemplo para mantener al público atento, con humor pero una enorme carga social y ética.
Almacenados, como su nombre lo indica, transcurre en una bodega de una empresa fabricante de artículos de aluminio, y ahí don Lino, el no muy viejo pero enfermo almacenista en jefe lleva tres décadas de riguroso cumplimento a su trabajo y a la espera de camiones para descargar y de llamadas telefónicas para embarcar mercancía.
Ésta es la última semana de don Lino antes de su jubilación forzosa y de la fábrica mandan a un joven reemplazo, de nombre Nin para que lo instruya y, al final le entregue las llaves y el puesto. No les digo más para que la vayan a ver y constaten la actuación, el humor y el mensaje de esta puesta en escena.
Todo el mundo se queja de su trabajo, de sus jefes y compañeros, de largas jornadas y de horas de transportación en esta ciudad caótica y, por supuesto de que la paga es mucho menor al esfuerzo realizado. Añoran las vacaciones, los días feriados, puentes y los sagrados aguinaldos y ansían ver el día en que, ya pensionados o jubilados, tengan tooodo el tiempo del mundo para dormir, ir a pasear o estar con la familia y amigos.
Pues, en esta historia totalmente verídica, don Lino, el fiel y honrado trabajador, cumplido al exceso en su puntualidad, se defiende a capa y espada ante el inevitable retiro y, definitivamente no está preparado para administrar su tiempo libre y buscar actividades a partir del lunes siguiente a su salida del trabajo. ¡Es un asunto tan común que he visto infinidad de veces!
El trabajo enajenante es una realidad, al estilo de Chaplin en su obra Tiempos Modernos y más si lo ponemos en el contexto de las crisis y desempleo que se presentan en todas partes. También lo son la transportación excesiva , salarios insuficientes y despotismo tanto en el sector público como el privado y social. Hay excepciones, por supuesto, pero un empleo seguro, gratificante, bien remunerado y permanente es raro y muy difícil de lograr. Están mis amigos los emprendedores (as) que con mucho esfuerzo pueden llegar a esto pero también les llega el momento de la sucesión, forzada o a regañadientes y otra vez el tiempo libre se vuelve un enemigo, si no se planea adecuadamente.
El joven reemplazo es típico del empleado del siglo XXI con celular, más educado y burlón, pero con un fino toque de empatía y apoyo que ayuda a don Lino a salir dignamente de su puesto. Está en ese trabajo por la falta de oportunidades mejores y ve con asombro las actividades y actitud del viejo almacenista en su rutina de años.
La edad de retiro es algo desgraciada (o afortunadamente tal vez para muchos) ineludible y sin entrar en el tema de pensiones o ahorros, es una etapa donde el ajuste mental, físico y una actitud correcta son básicas para gozarla y ser productivo. El trabajo podrá ser malo pero es peor no tener nada que hacer por el resto de su vida. Hay que planearlo con su familia, especialmente la (el) cónyuge. ¿No lo creen?
