A propósito de las elecciones
La vida es cambio continuo y una elección es un paso más para impulsarlo de acuerdo con su muy personal sentir.
El deporte sexenal de la contienda electoral para presidente en las ya cercanas elecciones de este julio está en pleno apogeo. Ya se están tirando los candidatos, sus equipos de campaña y seguidores cercanos toda clase de objetos, rumores, encuestas serias y otras no tanto, promesas, promesas… y compromisos. Si se llegaran a cumplir cabalmente la tercera parte de lo prometido, aún asumiendo que son de buena fe y con conocimiento de causa, estaríamos de verdad en jauja y muy satisfechos con nuestros gobernantes. No es así ni aquí ni en ninguna parte del mundo, así que, sin favorecer a ningún partido, voy a darles consejos y perlas de sabiduría para el gran día de la votación.
1. En primerísimo lugar, vaya a votar a la casilla que le corresponde y si tiene su credencial del IFE al corriente. No vaya a encontrarse con la desagradable sorpresa de que ya no sirve o que se equivocó de lugar.
2. Todos los partidos tienen pros y contras y, esencialmente están planteando las mismas cosas: Bajar el desempleo, reducir la inseguridad, mantener programas sociales contra la pobreza extrema, la salud pública y mejorar la deficiente educación que hay. Y, se me olvidaba, combatir la corrupción imperante según cada candidato, en sus oponentes.
3. Creo que hay que votar por un candidato (a) y un partido (s) y no anular o tirar su voto. La democracia y un régimen más justo son por naturaleza imperfectos, pero les aseguro, hay terribles ejemplos donde el voto está anulado o coartado por la dictadura, donde las elecciones son una broma macabra que deja muertos y torturas. No estamos bien con nuestro régimen, pero hay que ser optimistas por los avances ya logrados en estos procesos.
4. Algo incomprensible para mí y que tal vez los sesudos politólogos podrían darnos su opinión calificada es por qué hay un nivel general de desconfianza mutua en cuanto a los resultados que, en otros países más desarrollados simplemente no se da (o es menor). Incluso no pasa en América Latina, con pocas excepciones. El que gana, ganó, aunque sea por décimas de punto y eso se sabe casi de inmediato, le guste a quien le guste. Hay ya, denlo por un hecho, una serie de planes B para impugnar, pelear y manifestarse contra un resultado adverso, tengan o no la razón. Eso está perfecto, pero no a costa de desestabilizar al país o hacer más difícil nuestra vida diaria. Fukuyama parece tener razón cuando habla de que los pueblos más avanzados y civilizados son aquellos donde el nivel de confianza entre su gente y hacia sus gobernantes, autoridades policiacas y militares, jueces y legisladores es muy alto. No llegamos a niveles aceptables, siendo un país de gente trabajadora, amable y hospitalaria. Es una pregunta para todos.
5. Para saber votar hay que escuchar y ver todas las opciones a las que nos han saturado, tratar de salirse de la contaminación electorera, sentir la esencia, quitar la paja y el “rollo” de cada candidato y al hacer comparaciones con los demás, tomar una decisión calmada y sin influencias del exterior.
6. La vida es cambio continuo y una elección es un paso más para impulsarlo de acuerdo con su muy personal sentir. No se deje llevar por el ruido informático, sino además de propuestas, trate de percibir la sinceridad y carácter de cada candidato(a).
Es como escoger un socio o una pareja sentimental, hay que meditar antes de actuar y tratar de no equivocarse demasiado. Es un acto de fe, pero con la mente abierta y un cierto análisis.
Estos consejos son sanos e imparciales. Las elecciones tienen efectos a corto y largo plazos en su vida.
