Paso Morelos

Increíble que pocos sepan de la matanza que hubo en ese lugar hace 200 años.

Ningún libro de historia del estado de Guerrero da a conocer uno de los hechos bélicos más desastrosos ocurrido hace 200 años.

Lugar: el ahora llamado Paso Morelos —entre Chilpancingo y Cuernavaca—.

Hay muchas versiones al respecto. Por lo mismo me trasladé a ese lugar. El comisario de la población me llevó ante Jeremías “x”, un “viejo” —es la forma en que le llaman a los señores de edad en varios pueblos—; me presentó ante él y… platicamos sobre algo muy importante, en un perfecto español —en varias zonas del estado todavía se hablan las lenguas indígenas de hace siglos—.

Ya entrados en pláticas, me contó lo que él sabe a través de generación en generación que dan a conocer los sucesos de un lugar en forma verbal.

Y va de historia...

El general Morelos al frente de más o menos unos 800 hombres se enfrentó en un lugar cercano a Huitzuco —a unos 40 o 50 kilómetros al sureste de Iguala, al ejército realista que lo superaba en muchos conceptos—.

Fue —obviamente— destrozado y huyó con los pocos hombres de confianza que lo acompañaron. Se refugió en una región de lo más abrupto en una serranía que ahora se llama en su honor, “Paso Morelos”.

Al llegar a ese lugar en la noche, los aldeanos, cuando supieron quién era, lo recibieron y ahí cenó y durmió con su gente que llevaba.

Pero..: a la mañana siguiente, un poco antes de que amaneciera, sigue diciendo el relato, Morelos salió de sus aposentos y se encontró con gran sorpresa que enfrente de donde él estaba, había cientos y quizá miles de indígenas armados de machetes, puñales, mazos, lanzas de material vegetal y todo lo que fuera un arma contundente, proveniente de gran cantidad de aldeas circunvecinas de ese lugar, avisados por la noche por los vecinos.

Obviamente Morelos —sigue diciendo el relato— se puso al frente de ese grupo que no tenía conocimiento de lo que era una batalla; entonces, el caudillo los colocó alrededor del pueblo y cuando llegaron los realistas, que eran pocos porque creían que Morelos iba destrozado, los atacaron y los mataron a todos en una masacre increíble.

Eran aproximadamente, según el relator, más de 100 soldados; los habitantes del lugar perdieron únicamente unos cuantos de los que intervinieron.

Después de esto, Morelos —se sigue argumentando en el relato— se despidió de los lugareños, a los que agradeció su invaluable ayuda.

Haciendo un paréntesis de esta historia, Morelos, cuando estuvo en la población que ahora lleva su nombre, les prometió a sus habitantes que en alguna forma, a la victoria de la lucha insurgente, él, les recompensaría.

Desgraciadamente, Morelos no la vio llegar; sufrió dolorosas derrotas en Lomas de Santa María, Puruarán, Acapulco y Oaxaca en donde fue aprehendido… De todos modos, con el hecho de llevar su nombre dicha localidad, se inmortalizó.

Y recordarán, caros lectores, que Iturbide después del Plan de Iguala que realizó con Vicente Guerrero, a los pocos años fue nombrado Presidente de México, pero dicen historiadores que se autonombró Emperador.

Otros historiadores lo niegan y nunca podremos saber si realmente se nombró Emperador, aunque los libros así lo mencionan.

Este periodista, desde su muy particular punto de vista, consideró una infamia que Iturbide, de descendencia hispana, mandara fusilar a Morelos, pese a que ambos, aunque en diferentes fechas, luchaban por la misma causa.

Yo, en lo personal, creo que es una de las injusticias más grandes que ha habido en la historia insurgente.

“Pero todo se paga”, dice el refrán popular, Santa Anna, al llegar al poder, detuvo a Iturbide y lo exilió en 1823. Pero él regresó subrepticiamente. Fue aprehendido, juzgado y fusilado.

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