¿Por qué declinan las empresas?

Debemos pensar que las circunstancias económicas, la competencia y otros factores externos pueden jugar un papel en el cierre de negocios.

Si analizamos la historia del último siglo en cuanto a empresas otrora exitosas con productos reconocidos por su calidad y precio razonables, nos encontraríamos con que muy pocas de éstas han logrado trascender a este nuevo milenio. Hago un somero análisis de productos desde automóviles Studebaker o Borward, refrescos como el Spur, Nehi, tiendas como Zapico o unos estupendos chiles rellenos jalapeños, fabricados en Xalapa y en un envase de color negro. Lo mismo con restaurantes como el Prendes o el Jena, etc. que son ya recuerdos. ¿Qué les sucedió a las compañías que los fabricaban o proveían de estos servicios?

No hay una respuesta al respecto, pero debemos pensar que las circunstancias económicas, la competencia y otros factores externos pudieran haber jugado un papel en el cierre de estos negocios. También el exceso de trámites y regulaciones a veces innecesarias y que provocaron corrupción, o líderes que azuzaron a sus agremiados a ahogar a empresas con demandas que, al no cumplirlas, motivaron la quiebra. Creo oportuno enfocarme en factores internos que deben ser controlados antes de que causen problemas mayores.

Cultura empresarial.- El éxito de una empresa radica en estar en constante evolución, buscando e innovando tanto en sus diseños, comercialización, sin descuidar jamás los costos y calidad. Sin embargo, junto a esa expansión en ventas y utilidades parece ir aparejada por parte de los dueños, ejecutivos e incluso empleados, de una actitud de confort, soberbia, parálisis o no hacer olas, ya que este crecimiento va a ser eterna. El resultado es que esa abulia deteriora la creatividad y eso es nefasto para aquellos que, dentro de la empresa debieran estar atentos a los cambios y tácticas de competidores y del mercado. La cultura empresarial que se confía en el éxito permanente de su posición competitiva o de la aceptación de su producto sin cuidarse las espaldas está destinada a sorpresas desagradables, como los ejemplos anteriores o miles más. Nada es permanente y hay que estar atento a los cambios de ese ente amorfo que es el mercado. Hay también ejemplos de una cultura moderna, innovadora y que, sin perder su esencia original, se mantienen en su posición de calidad y servicio, como serían los automóviles Volkswagen, restaurantes como La Hacienda de los Morales y productos como los chiles chipotles enlatados de La Morena en Puebla, por dar algunos ejemplos (y conste que no recibo comisión).

Orgullo y arraigo.- Lo que se ha considerado como una deficiencia en los negocios de estructura familiar que es la informalidad y falta de profesionalismo por manejar en forma rústica y unilateral la empresa por parte del dueño y sus allegados es una causa de que desaparezcan éstas del mapa. Por el otro lado, la obsesión por continuar el proyecto del fundador y el orgullo que da tener 50 o 100 años y seguir en el mercado es una proeza que pocas empresas logran. Si a ese sentimiento muy válido lo complementamos con nuevas ideas, flexibilidad frente al entorno amén de una profesionalización de la administración, reglas y estructuras de gobierno y familia, les aseguro que esa decadencia de la empresa familiar se puede revertir e incluso provocar un renacimiento bajo otras condiciones, pero con la misma visión y esencia del fundador.

En resumen, lo básico es estar atento, y estar constantemente buscando experimentar con ideas, procesos, nuevas estrategias y lograr sacudirse de ese conformismo que, les aseguro, es el principio del fin del sueño familiar

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